Les Luthiers: “Rabinovich nos pidió que el grupo siguiera”

Tras la muerte del artista, el grupo inicia su gira española y continuará como él quería

Les Luthiers, el pasado lunes en Buenos Aires.Vídeo: Ricardo ceppi

Les Luthiers es inmortal. 50 años después de que un grupo de compañeros de un coro universitario en Buenos Aires se inventara la cantata Laxatón, que ponía música barroca al prospecto de un laxante, y tras el durísimo golpe de la muerte de Daniel Rabinovich, en agosto, los cuatro fundadores vivos están decididos a seguir. La próxima semana inician su habitual gira española. Llevarán Chist, una antología.

Les Luthiers no se imaginan una escena como la que montaron Monty Python en el desternillante funeral de Graham Chapman, en 1989, cuando se rieron hasta de la muerte del amigo. "Recuerdo cuando se les cae la urna con las cenizas, es genial. Pero nosotros aún estamos de duelo y además el humor negro no lo hemos usado nunca", sentencia Carlos López Puccio, el de los pelos blancos alocados.

Su homenaje es de otro estilo: seguir en escena. "Cuando murió Daniel tuvimos que elegir", explica Marcos Mundstock, el calvo con voz profunda. "Lo hablamos y pensamos que queremos seguir mientras estemos más o menos enteros, con salud y con ganas".

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Lo habían discutido muchas veces con Rabinovich. Ya llevaban años usando a reemplazantes ahora estables: Tato Turano y Martín O’Connor. "Daniel quería que siguiera el grupo, incluso sin nosotros, lo habíamos hablado y nos lo pidió. Estuvo hasta sus últimos días empujándonos. Nos insistió durante meses. Era su idea de permanencia, de supervivencia", explica López Puccio. "Él quería que siguiéramos y que tuviéramos grupos satélite con clones nuestros haciendo nuestro repertorio. Lo hace Tricicle, a los que admiramos, lo hace el Cirque du Soleil, que tiene franquicias", remata Mundstock. "Me da cierto vértigo, son 50 años de hacer cosas nuevas. Solo aguantamos nosotros y los Rolling Stones", se impresiona López Puccio.

La entrevista, en un descanso tras el ensayo en el teatro Gran Rex de Buenos Aires, transcurre entre una carcajada y otra. Les Luthiers hacen reír al público, pero sobre todo se hacen mucha gracia. Cada chiste improvisado es celebrado por los demás.

Los únicos silencios

Solo hay silencios cuando se pregunta por Rabinovich. No se hacen a la idea. Porque alrededor de Les Luthiers todo es divertido. Hasta la gente que les ayuda en los ensayos sonríe y bromea.

"Este oficio es una dicha. Nos ha permitido vivir bien desde hace 40 años y se disfruta mucho. Escuchar las carcajadas de la gente es muy lindo. Y cuando no se ríen de un chiste, lo sacamos", insiste Mundstock. "Chist es un popurrí de nuestros momentos más felices", añade Carlos Núñez Cortés, el del pelo rizado.

"La gente en realidad no se acuerda de los chistes. Se vuelve a reír como la primera vez", cuenta Mundstock. Jorge Maronna, pelo liso, el más guasón, siempre tiene un remate listo que hace reír a todos: "En realidad tampoco nosotros nos acordábamos de los chistes, hemos tenido que ensayar muchísimo, tenemos una edad".

Solo aguantamos nosotros y los Rolling Stones

Carlos López Puccio, miembro de Les Luthiers

Les Luthiers no se cansan. Eso sí, les gusta presumir. "Lo que pasa es que lo que hacemos es muy bueno, ya que nadie lo dice lo digo yo", bromea Mundstock. Están orgullosos de que cada año, miles de alumnos que estudian el teorema de Thales usan la canción que ellos inventaron sobre él. Y ahora incluso influyen en la Casa Real: la reina Letizia, fanática, le pone sus vídeos a las hijas.

Y todo empezó con un laxante. "Desde entonces estamos más aliviados", dispara López Puccio. Otra carcajada. "Para el humor los laxantes son perfectos", añade Mundstock.

Les Luthiers ya superó en 1973 la muerte de Gerardo Masana, el compositor de la cantata. Y confía en seguir. Para eso tiene a los reemplazantes, integrados en esta familia que recorre el mundo y arrasa en América y España. "Nosotros somos los huerfanitos adoptados, estábamos en la calle y no teníamos para comer y nos trajeron a la casa", se mofan Turano y O’Connor. "En realidad son de matrimonios anteriores, bueno, hijos extramatrimoniales", tercia Núñez Cortés.

Veneración

Todos veneran a Rabinovich, notario antes que humorista. "No hay nada más lejos de un notario que Daniel. Fue notario una semana y de Les Luthiers 50 años", matiza López Puccio. "Tato y Martín ensayan con indicaciones en una partitura el estilo de actuación de Daniel. Es como si estuviéramos haciendo textos de él", resume Mundstock.

De España les gusta casi todo, aunque con cada gira, sobre todo en el Norte, vuelven "sobrealimentados con tanta fabada y pulpo a feira". Admiran a Martes y 13, Tip y Coll y, sobre todo, Tricicle. "Nos gustan tanto que hemos robado descaradamente un montón de gags". Maronna logra otra carcajada. Tanto triunfaban en España que en 2012 les dieron la nacionalidad. ¿Se han españolizado un poco? "Bueno, ahora ya no van al psicoanalista", ataca Maronna, que como ya era italiano se lo perdió. Como buenos argentinos, el grupo tuvo 17 años un psicólogo para no pelearse. Lo lograron. Y de momento piensan seguir mucho tiempo. Rabinovich se salió con la suya.

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