‘Memoria’ (5): ‘La vida de los otros’

Javier Olivares, guionista de series como 'Isabel' continúa su relato. Este jueves, el protagonista se pone en contacto con sus antiguos compañeros de COU

Ilustración de Eduardo Estrada.
Ilustración de Eduardo Estrada.

Hay un día en el que cambias sin darte cuenta. Un momento en el que te diste por vencido a cambio de tener un sueldo y una hipoteca. El día en el que dejaste de ser tú. Yo he buscado ese día, pero aún no lo he encontrado. No me ha dado tiempo. Los 70 acabaron rápido y los 80 más aún. Tras cuatro décadas en la que no se podía ser nada, lo fuimos todo en apenas diez años. Heavys, mods, neo-románticos, tecnos, posmodernos, demócratas y escépticos, analógicos y digitales. Ahora no somos nada. Nuestra vida era sólida, pasó a ser líquida y se desvaneció en el aire al mismo tiempo que cambiamos de siglo.

Veía las fotos de mis compañeros de COU e imaginaba cómo podrían haber sido sus vidas. ¿Habrían conseguido ser felices? ¿Estarían bien de salud? Pero, sobre todo: ¿les estaría pasando lo mismo que a mí? Pedí una semana de vacaciones y empecé a indagar uno a uno, por orden alfabético.

Más información
Memoria (1): 'La orla'
‘Memoria’ (2): ‘16 en el 76’
‘Memoria’ (3): ‘El viaje’
‘Memoria’ (4): ‘Paseando abejas’

Alonso Pérez, Francisco. Era el más bajito de la clase, con un flequillo rebelde e inaccesible para cualquier peine. Quería ser arquitecto. Es aparejador y está calvo. Tiene 5 hijos. Cuando le empecé a hacer más preguntas, me colgó.

Caballero Ramón, Ana. La guapa de la clase. Quería ser modelo. Hoy es una madre de familia que tiene la ilusión de que su hija llegue a modelo.

Cambra Léon, Julia. No la llamé. Fue mi novia y me casé con ella. Me dejó. Tras separarnos, se casó con el abogado que nos llevó el divorcio. Probablemente sea más feliz que cuando estaba conmigo. No debe de ser muy difícil.

Toda la cultura que va contigo te espera aquí.
Suscríbete

Castro García, Carlos. El radical de la clase. Cada recreo era como ir a las barricadas. Trabaja en un partido de derechas como asesor en temas de Estadística. Me dijo que el día que quisiera me explicaba las razones del cambio. No sé si tendré tiempo para ello.

De Diego Antúnez, José María. Nunca tuvo grandes notas, pero era el más inteligente. No quiso ser futbolista, pero jugaba mejor que nadie. Me cogió el teléfono su madre: había muerto hacía 10 años. No supo decirme ni en qué trabajaba su hijo, tan secreta era su vida.

Fernández Paredes, Francisco. Mi amigo de la infancia. Su sueño era dedicarse a la música. Trabaja de policía municipal. Me dijo que no tenía tiempo para gilipolleces.

Giménez Vigil, Pablo. El compañero que siempre estaba pendiente de los problemas de los demás. Todas las chicas suspiraban por él. Pablo era rubio, delgado y absolutamente gay. Hablé con un hermano suyo: me dijo que había muerto de sida en el 89. Aún lloraba al recordarlo. Me preguntó por qué la buena gente se va y los hijoputas llegan a viejos. No supe qué responderle. Yo opino lo mismo.

Llamas Bonilla, Victoria. Era la gordita de la clase. Quedamos para vernos. A sus 55 años está más atractiva que con 16. Delgada, elegante… Trabaja en un banco. Quiso convencerme de que me hiciera un plan de jubilación como único objetivo de la cita.

Martínez Vicente, Isabel. La pelirroja. Siempre me había atraído sexualmente, pero nunca me había a atrevido a proponerle nada. Era hija de un tipo propietario de industrias cárnicas. Quedamos para cenar. Me contó que su padre murió de un infarto (“Normal, pesaba 120 kilos y no paraba de comer chorizos”). Ella se hizo vegana. Tras cenar, la llevé a su casa. Acabamos en la cama follando como locos. Al acabar, se encendió un cigarro y me dijo: “Siempre me habías atraído… Pero nunca me atreví a decírtelo”. Prometimos volver a vernos.

Muñoz Recuero, Antonio. Él me envió la orla. La había enviado a veinte compañeros (de los demás no sabía nada) y solo le había contestado yo. Me explicó que por fin había encontrado una razón para vivir. Estaba analizando desde hacía años los números de la guía telefónica. Estaba seguro de que los alienígenas estaban comunicándose con nosotros a través de ellos.

Ahí, paré. Necesitaba un descanso.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS