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Dibujos al rescate de Bogotá

Las fachadas de las casas tradicionales de la capital colombiana son retratadas en un libro de ilustraciones que se aleja de lo turístico y de los estigmas de la ciudad

Una de las 47 ilustraciones del libro Fachadas bogotanas.
Una de las 47 ilustraciones del libro Fachadas bogotanas.

La Bogotá tradicional está desapareciendo. Y Lizeth León, una joven de 26 años nacida en la capital colombiana, está haciendo un intento para que no se olvide. O al menos para que en dibujos quede algo de esa ciudad a la que se ve con nostalgia. León es periodista y ahora fachadista, como ella misma se define después de recorrer durante cuatro meses las 20 localidades de Bogotá para pintar las fachadas de vecindarios y casas, algunas a punto de caer. La idea de recorrer cada día un sector y reconocer la diversidad del territorio se convirtió en un libro, que le permitió desempolvar esos lugares que parecen estar sepultados por las nuevas construcciones.

“Empecé a ver una ciudad que se está yendo y que arrastra las costumbres típicas de barrio: las charlas con los vecinos, las panaderías, el tendero. Se están tomando las casas para hacer edificios donde esas conexiones entre quienes los habitan no existen”, dice.

Pero también le permitió hacer un viaje hacia la periferia de una ciudad con más de siete millones de habitantes que parece olvidar lo que hay a su alrededor. “Si quisiéramos entender esta ciudad, sus problemas, sus diferencias, comprenderla con todo lo que se vive, deberíamos movernos hacia esas zonas”, reflexiona León. Y pone como ejemplo el sector rural de Ciudad Bolívar, una de las localidades más violentas de Bogotá, donde según las autoridades locales cada fin de semana se dan al menos 500 peleas.

“A veces los estigmas que tenemos no nos dejan dimensionar de dónde vienen las condiciones tan difíciles que tienen algunos sectores”, dice la periodista, que alternó el proceso de creación de Fachadas bogotanas con su trabajo como editora de un portal de noticias.

La ruta para recorrer la ciudad la marcó un mapa que le regaló su padre. Cada día señalaba un lugar y con un teléfono y una libreta salía de su casa. Al regresar, tenía una fachada más dibujada.

“Caminaba la zona, me detenía a hablar con personas que me contaban historias del barrio. Tomaba las fotos de las casas con el teléfono y en un café me sentaba a pintar”. Y aunque quiso dibujar en el mismo lugar donde la sorprendía una nueva casa, las condiciones de inseguridad y la constante lluvia de Bogotá no se lo permitieron.

El libro tiene como eje central 47 ilustraciones, pero también hay textos. “Hay un hilo narrativo y hay explicaciones sobre el terreno, sobre la estética sobre cómo se formaron los barrios y cómo se empezaron a habitar”, relata León. Para eso, contó con la asesoría de Fredy Ordóñez (su editor) y un geógrafo. Se documentó sobre la ciudad con libros, pero también con historias particulares. Algunas como las del barrio Marruecos, en el sur de Bogotá. “Fue una de las primeras que dibujé, lo hice porque alguien me contactó y me pidió mostrarle ese barrio, ahora que él vive lejos, en otra ciudad”. 

El caso se repitió varias veces. Y así como le pedían que visitara uno u otro lugar, recibió apoyo económico para que el libro se pudiera editar de forma independiente. A través de financiación colectiva, León logró recibir cerca de 9.000 dólares para hacer la primera edición, que se venderá a partir de este mes.

La idea de mostrar a Bogotá tomando distancia de los lugares turísticos y los estigmas también se llevará a la interactividad. León cuenta que planea una plataforma digital que sirva para explorar la ciudad y que las nuevas generaciones se conecten con lo que parece olvidado. Lizeth quiere que se recuerde a la Bogotá tradicional ante lo imposible que resulta parar la modernización de una ciudad que se llena cada vez más de grandes construcciones.