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CRÍTICA | NUESTRO ÚLTIMO VERANO EN ESCOCIA

Los niños impredecibles

Andy Hamilton y Guy Jenkin aplican su experiencia en el manejo del tempo de la comedia

Un fotograma de 'Nuestro último verano en Escocia'. Ampliar foto
Un fotograma de 'Nuestro último verano en Escocia'.

Las comedias que la productora británica Ealing fabricó desde el final de la II Guerra Mundial hasta mediados de los años 50 se caracterizaban por una saludable mezcla de cine popular y reflexión sobre su sociedad que, partiendo de unas situaciones insólitas y de un humor entre la amabilidad y la blancura, podían llegar a poseer aguijonazos de una atroz negrura. Quizá la comparación resulte excesivamente loable para Nuestro último verano en Escocia, tardío debut en el largometraje de los veteranos guionistas y realizadores televisivos de comedia Andy Hamilton y Guy Jenkin, pero tampoco parece rocambolesco fijar la línea de flotación de la película en aquellos efervescentes relatos corales, como Pasaporte para Pimlico, que presentaban protagonistas de todas la edades en un vigoroso cine para todos los públicos.

Nuestro último verano en Escocia

Dirección: Andy Hamilton, Guy Jenkin.

Intérpretes: Rosamund Pike, David Tennant, Billy Connolly, Celia Imrie, Emilia Jones.

Género: comedia. R U, 2014.

Duración: 95 minutos

Con un papel esencial para los niños y un trabajo sensacional en la dirección de sus interpretaciones, Hamilton y Jenkin aplican su experiencia en el manejo del tempo de la comedia, tanto en la réplica y en la contrarréplica como en su montaje y puesta en escena, para que las acciones y las frases de los críos nunca resulten redichas o falsamente brillantes, y sí verdaderamente simpáticas e impredecibles. Mejor cuanto más loca, y algo más rutinaria cuando acude al tono dramático, la película se goza de cabo a rabo, y sin forzar la blandenguería en su desenlace.

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