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CRÍTICA | DANDO LA NOTA: AÚN MÁS ALTO

La revancha de las novatas

De izquierda a derecha, Hailee Steinfeld, Anna Kendrick y Rebel Wilson, en 'Dando la nota: aún más alto'. Ampliar foto
De izquierda a derecha, Hailee Steinfeld, Anna Kendrick y Rebel Wilson, en 'Dando la nota: aún más alto'.

Dando la nota (2012), primer largometraje de Jason Moore, se inspiraba libremente en un libro de no ficción sobre las competiciones estudiantiles de canto a cappella –Pitch Perfect: The Quest for Collegiate A Cappella Glory del periodista Mickey Rapkin- para proponer una eficaz síntesis de comedia adolescente de trazo grueso y relato de épica pseudo-deportiva. La fórmula funcionó a la perfección, en buena medida gracias a un punto de vista distanciado e irreverente, pero, sobre, todo por la química grupal de un elenco con muy buena química, que tenía en Anna Kendrick –una actriz que parece mejorar a cada paso que da- a su centro de gravedad, en Rebel Wilson a su particular barril de nitroglicerina cómica y en Hana Mae Lee a su contrapunto de minimalista gracejo extraterrestre. Con tal precedente, una secuela quizá no era sólo inevitable, sino también deseable, aunque esta Dando la nota: aún más alto prefiera mantenerse en el margen de seguridad de una mera repetición de la jugada que arriesgarse a ampliar el campo de posibilidades de su premisa.

DANDO LA NOTA AÚN MÁS ALTO

Dirección: Elizabeth Banks.

Intérpretes: Anne kendrick, Rebel Wilson, Hana Mae Lee, John Michael Higgins, Elizabeth Banks, Katey Sagal, Adam Devine, Hailee Steinfeld.

Género: comedia.

Estados Unidos, 2015.

Duración: 115 minutos.

La actriz Elizabeth Banks, que en la saga se encarga de interpretar a la locutora especializada en retransmisiones de competiciones a cappella Gail, asume ahora la dirección, sin otras credenciales previas que dos cortometrajes y el segmento que dirigió para el trabajo colectivo de humor políticamente incorrecto Movie 43 (2013). Su labor no logra ir más allá de la corrección: una escena como la de la declaración de amor cantada del personaje de Rebel Wilson, si bien hábilmente fracturada por un gag distanciador muy bien colocado, quizá hubiese requerido un mayor sentido de la épica y una mejor modulación de la intensidad formal.

Precisamente la pareja cómica que forman el personaje de Banks y su compañero de micro, encarnado con gran precisión por John Michael Higgins, aporta, en una de sus intervenciones, una clave para contextualizar la película: las competiciones de canto a cappella, afirma Higgins en una de sus intervenciones tan causales como inopinadamente ofensivas, son refugio y oportunidad de autoestima para aquellos estudiantes que no tienen ni el físico, ni la fortaleza para ser o bien cheerleaders o jugadores. Bajo ese prisma, Dando la nota: aún más alto puede ser considerada nieta lejana de ese temprano manifiesto nerd que fue La revancha de los novatos (1984).

El principal problema de Dando la nota: aún más alto es que se le transparenta demasiado la fórmula, su mecánica y su estructura de pequeñas sub-tramas ligadas al marco de la competición general que tendrá que redimir al grupo. Todo está demasiado a la vista, como si contempláramos un pez gato de cristal cerca de las costas tailandesas. Eso sí, la capacidad de reciclar la extrema competencia profesional de los antagonistas en efecto cómico es de aplauso.

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