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Miquel Adrià: “México DF no me parece una ciudad caótica”

El arquitecto español cruzó el Atlántico en 1994 y se ha convertido en referencia de la crítica de urbanismo en Latinoamérica

 Miquel Adriá, director de la revista Arquine.
Miquel Adriá, director de la revista Arquine.

Miquel Adrià (Barcelona, 1956) se ha ganado el derecho a decir lo que opina, aunque rompa un poco los esquemas. “México DF no me parece una ciudad nada caótica”, dice con naturalidad en la sede de Arquine, la revista que dirige. Adrià llegó a la capital mexicana en 1994 y hoy es un crítico de referencia de América Latina en urbanismo y arquitectura.

—¿Pero por qué dice que el DF no es un caos, si todos los que viven aquí lo repiten cada día, entre el fastidio crónico y el orgullo flagelante de formar parte del monstruo?

La modernidad se pensó en Europa y se construyó en América Latina

—En primer lugar: “Es una ciudad relativamente bien comunicada. No está en una situación de colapso permanente. Es policéntrica. Mucha gente vive y trabaja dentro de una misma colonia y no depende de otras zonas de la ciudad”. Además: “Es poco densa, y puede seguir densificándose y volverse más eficiente. Siempre tuvo una densidad baja. La ciudad colonial era una ciudad de planta baja y dos pisos. Luego fue extendiéndose por zonas de cultivo en una valle muy grande y plano. Ha crecido en horizontal, no como ciudades que han surgido en zonas más comprimidas, como São Paulo, y han crecido en vertical. Eso al DF le ofrece todavía muchas oportunidades. Tiene barrios céntricos llenos de garajes y bodegas, espacios infrautilizados que podrían sustituirse por edificios de seis o siete plantas. Eso sería mejor que tener a los ciudadanos viviendo a una o dos horas del centro”.

Adrià afirma que el problema no es la ciudad en sí misma “sino la incompetencia de sus gestores, que no tienen un proyecto de ciudad”.

Puestos a relativizar ideas comunes, matiza incluso que México DF sea una urbe radicalmente ruidosa. “Barcelona lo es más. Tiene mucha más densidad y el ruido ambiente es más alto”. Y considera que no hay ni punto de comparación con lugares como las grandes ciudades de India (“donde los camiones llevan letreros que dicen: ‘Pite, por favor”) o como El Cairo, donde los conductores “prenden el coche y antes de saber a dónde van ya están dándole al claxon”. En el otro extremo sitúa a ciudades como Zurich, a la que define como “absurdamente silenciosa”.

El problema es la incompetencia de sus gestores, que no tienen un proyecto de ciudad

Con todo, él padece parte del surtido de ruidos del DF. Dice que por las mañanas, en el cruce donde está su casa, se genera “una orquesta brutal. ¡Pa-pa-pa-pa-pa!, un horror de cláxones”. Para contrarrestarlo pone música. “Desde clásica a Van Morrison". Repiensa: “Probablemente, más Van Morrison que La Pasión según San Mateo”.

Adrià, promotor de Mextrópoli, el mayor festival de urbanismo de América Latina, tiene claras las cuestiones transversales de la región. “Una es la conexión social de la arquitectura. Desde los que trabajan con comunidades y tienen que afrontar la arquitectura como una negociación, hasta los proyectos de vivienda de interés social. También el rescate del espacio público, su domesticación. Y las estrategias de transformar y dar legitimidad a las grandes zonas de las ciudades que crecieron ninguneadas en la periferia”.

Hace unas semanas visitó la exposición del MoMA de Nueva York Latinoamérica en construcción: arquitectura de 1955 a 1980, un hito en la revisión de la historia arquitectónica de la región, abierta hasta el 19 de julio. “Es extraordinaria”, dice. Destaca que sólo una institución del calado del MoMA puede ser capaz de reunir tantas y tan buenas piezas, “desde dibujos originales de Lina Bo Bardi o Luis Barragán hasta imágenes de la construcción de Brasilia”, y ofrecer la experiencia “única” de hacer “lecturas entrecruzadas” de lo que produjeron unos y otros. Aunque le pone una objeción: opina que se privilegia, con razón, lo que se hizo en Brasil, pero se minimiza, sin razón, lo que se hizo en México. Adriá afirma que México y Brasil fueron los países donde mejor se plasmaron las ideas arquitectónicas de vanguardia de la primera mitad del siglo XX. “La modernidad se pensó en Europa y se construyó en América Latina”.