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‘IN MEMORIAM’

Rafael Portaencasa, el rector que consolidó la Politécnica

Defendió ante los políticos el fomento de las relaciones educativas

Rafael Portaencasa Baeza, en noviembre de 1992.
Rafael Portaencasa Baeza, en noviembre de 1992.

Con la muerte de Rafael Portaencasa, el pasado 27 de febrero a los 78 años, desaparece uno de los rectores españoles de mandato más prolongado en tiempos recientes. Elegido en 1981, su desempeño rectoral se había de prolongar hasta 1995. Fue una etapa de consolidación de la Universidad Politécnica de Madrid, creada inicialmente por agrupación de diversas escuelas técnicas provenientes de una vinculación a distintos ministerios. Su sentido de la estrategia le hizo ser adelantado a su tiempo, un verdadero arquitecto de estructuras universitarias con sentido social, pragmático y sostenible. En esa tarea de consolidación de una universidad que responda al modelo politécnico no descuidó el fomento de la cultura y las humanidades en un centro destinado a formar ingenieros.

En los inicios de la Cooperación Internacional española, abrió notablemente la institución que dirigía al entorno inmediato y contribuyó, de manera decisiva, a la cooperación transnacional tecnológica. Muy de destacar fue el establecimiento de lazos de cooperación intensa con instituciones de educación superior del otro lado del Atlántico, así como con Rusia, donde a través de la Fundación Pushkin —de la que fue presidente hasta su fallecimiento— fue pionero en la colaboración educativa, científica y cultural.

Conoció y frecuentó a muchos dirigentes políticos de la época, a los que interesó e hizo comprender esa “nueva concepción de la Universidad”. Utilizó su capacidad para dialogar con dirigentes como Rodrigo Carazo o Fidel Castro buscando siempre el fomento de las relaciones educativas. Soy testigo de diversos diálogos con este último, a quien Portaencasa trasladó el papel fundamental que habría de jugar el sistema educativo en las futuras democracias. También conoció a Ignacio Ellacuría, de quien recabó consejo y apoyo antes de postularse para presidir la Universidad Iberoamericana de Posgrado, un logro que el rector Portaencasa llegó a alcanzar. Tras el asesinato del religioso, escribió un artículo realzando el incalculable valor del trabajo de los jesuitas en El Salvador. No pudo trasladarse a este país para rendirle el último homenaje por amenazas de muerte. De hecho, las autoridades salvadoreñas impidieron que acudiera a despedir a su amigo, lo que dio lugar a que enviara una enérgica carta de repulsa al presidente Cristiani.

Dos fueron sus pasiones y dedicaciones: su familia y la Universidad. Una gran generosidad y sentido de la amistad, así como su profunda bondad, son virtudes que adornaron a su persona, lo que dejó una huella indeleble en quienes le rodeamos. Con energía, acompañada de dolor infinito, reflejó en Abc la crítica que merecían las deficiencias técnicas producidas en la construcción de una autopista. Entre quienes perdieron la vida en los correspondientes accidentes ocurridos en ese punto fatídico estuvo su propio hijo Rafael. Amigo de todos, presumía de no tener enemigos y enseñaba a los más jóvenes a construir puentes allí donde encontraran rencor.

Sus discursos de las ceremonias académicas resultaban de lectura obligada para la comunidad universitaria. El estudio de sus escritos, así como el testimonio que nos deja su archivo personal e institucional, servirá de guía para las generaciones futuras. Ha fallecido un gran universitario y humanista que deja una huella profunda en la Universidad, a la que consagró su vida.

Manuel López Quero es director de la cátedra Universidad-Empresa-Sindicato en la Universidad Politécnica de Madrid.