Peregrinación por la secuela de ‘Matar a un ruiseñor’

Londres se convierte en el centro de visitas de los editores de medio mundo en busca de la secuela de ‘Matar a un ruiseñor’

Harper Lee, en una imagen de 2007.
Harper Lee, en una imagen de 2007.ROB CARR (AP)

En el número 20-23 de Greville Street de Londres se decide estos días el destino del gran acontecimiento literario de los últimos años: los nombres de las editoriales, de medio mundo, que publicarán la novela perdida de Harper Lee Go, Set a Watchman (Ve, aposta a un centinela). Es el embrión y a la vez la secuela del clásico estadounidense Matar a un ruiseñor aparecido 55 años después de su publicación. El entusiasmo desatado para quedarse con sus derechos es casi inédito en el mundo de las subastas editoriales; desde la misma mañana del martes 3 de febrero pasado, cuando la editorial Harper Collins hizo el anuncio en Nueva York. Hermetismo, especulación y misterio rodean el manuscrito y la negociación que lleva la agencia literaria Andrew Nurnberg Asociados.

El viernes terminó la peregrinación de editores o de sus enviados especiales, con ofertas hasta ese edificio de ladrillo rojizo londinense de grandes ventanales espejados. La puja está cerrada.

Un lunes fue el famoso juicio en defensa de un negro descrito en Matar a un ruiseñor, y un lunes, como el de mañana, la agencia empezará a fallar los nombres de los sellos agraciados, por países o áreas lingüísticas, que editarán la novela. Se sospecha que la cantidad alcanzará las siete cifras. Se intuye que de España han llegado hasta el final los dos grandes grupos con esa capacidad económica: Penguin Random House, para publicarlo en Alfaguara, y Planeta, bajo su sello Seix Barral o Destino. Se dice que también está interesada Ediciones B, del Grupo Zeta, por tener los derechos para bolsillo y digital de la única obra conocida de Lee, mientras los de tapa dura están libres. También se sabe que lo intentaron otros grupos, como Anagrama y Salamandra, pero al final se retiraron por diferentes motivos.

Un ritual surgió en estos 20 días alrededor de la subasta. Los editores debieron acercarse a la agencia con cita previa. En horas distintas para evitar que se cruzaran. Una vez allí, firmaron un documento de confidencialidad para no revelar detalles ni de la obra ni de la negociación. Les retiraron los móviles y bolígrafos o cualquier cosa con la que pudieran tomar notas. Los hicieron pasar a uno de los salones de grandes ventanales. Solos y teniendo en las manos el manuscrito de hojas sueltas lo leyeron en unas ¿dos horas? ¿cuatro horas? Unos pocos elegidos que casi representaron el propio título de la novela, Ve, aposta a un centinela, sacado del Libro de Isaías del Antiguo Testamento.

El viernes acabaron las ofertas para publicar ‘Ve, aposta a un centinela’. A partir del lunes se sabrá qué editoriales publicarán la novela

La dispersa comitiva española habría tenido un añadido en las conversaciones, en vista de que los derechos de Matar a un ruiseñor en tapa dura están libres; así es que podría haberse hablado de un paquete completo que incluyera los dos títulos y formatos analógico y digital. A lo que se sumarían los acuerdos para el área hispanohablante.

Anagrama estuvo allí. Su informe de lectura fue positivo, pero se retiró ante la elevada cantidad de dinero que alcanzó el libro. “Es muy obvio que me hubiera gustado publicarla”, reconoce Jorge Herralde, su editor. “No solo porque Matar a un ruiseñor es una buena obra, sino también porque Harper Lee fue una figura muy importante en el proceso creativo de Truman Capote para A sangre fría”, uno de los libros emblemáticos de la editorial. Los motivos de Salamandra fueron otros. Su informe no fue favorable. Aunque a Sigrid Kraus, su editora, no le hubiera disgustado teniendo en cuenta que la novela de Lee fue precursora de ese género conocido ahora como crossover, “de lectura aparentemente ingenua que se puede leer en diferentes niveles y para todas las edades”.

Fachada de la agencia literaria Andrew Nurnberg, en Londres.
Fachada de la agencia literaria Andrew Nurnberg, en Londres.Carmen Valiño

Aunque en la decisión final de las dos editoriales de no seguir adelante influyó otro argumento: una cosa es la publicación del libro en EE UU, donde el clásico de Lee es lectura obligatoria, lo cual garantiza el triunfo comercial del inédito, y otra en España, donde ha tenido una difusión regular.

La última palabra la tendrá, a partir de mañana, Andrew Nurnberg. Es el director de esa agencia literaria en el 20-23 de Greville Street. Representa a 102 autores. Los más populares son Harper Lee, Cornelia Funke, Shimon Peres, Antony Beevor, Tariq Ali y la recién fallecida Assia Djebar. Solo se conocen las editoriales que lo publicarán en EE UU, Harper Collins el 14 de julio, y en Reino Unido, Heineman. Cinco meses antes de esa fecha, la obra inédita y la conocida están entre los más vendidos en Amazon.

Todo es culpa de Nell Harper Lee. Mientras, ella, con 88 años, sigue fiel a su silencio. Vive en Monroeville (Alabama), su ciudad natal, en una residencia de ancianos. En la misma ciudad donde en los años cincuenta escribió Go, Set a Watchman. Solo que sus hojas se extraviaron después de que ella siguiera el consejo de su editor, Tay Hohoff. Le sugirió que recondujera esa historia contada por una joven veinteañera sobre la igualdad, los derechos civiles y la amistad desde el punto de vista de cuando esa mujer era niña y la llamaban Scout. Así nació Matar a un ruiseñor. El éxito acompañó a la novela casi desde el mismo 11 de julio de 1960, cuando llegó a las librerías. Y ese éxito arrojó sombra y olvido sobre el embrión original. Hasta que el verano pasado aquellas páginas amarilleadas aparecieron debajo del manuscrito del clásico estadounidense. En esos folios, una mujer llamada Jean Louise, Scout para todos, vive en Nueva York, donde ya no la alcanzan los gritos de Calpurnia, y un día viaja a ver a su padre, Atticus Finch, al poblado de Maycomb.

Ese es el lugar a donde todos quieren peregrinar ahora. Conocer ese primer soplo de inspiración de una obra querida.

El silencio empezará a despejarse pronto. Una procesión de preguntas lo precede: ¿Hablará su autora? ¿La novela será tan buena como su único libro conocido? ¿Scout será abogada como su padre? ¿Qué habrá pasado con su hermano Jem y su amigo Dill? ¿Qué pensará Atticus Finch, 20 años después de que defendiera infructuosamente a Tom Robinson? ¿Seguirá en pie la Mansión Radley? ¿Y Boo? ¿Seguirá solitario en el silencio? Lo que nadie duda es que se hará una película, como sucedió con Matar a un ruiseñor, en 1961. Y todos sabremos qué hicieron Scout y Jem con aquel consejo que les dio Atticus de que uno no conoce de verdad a una persona hasta que no se pone en su piel.

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