Columna
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Es que soy de Veracruz

No todo el mundo sabe que Lolita fue concebida en Veracruz. Un antiguo paraíso, lugar idóneo para la concepción de la célebre ninfa.

“El difunto Harold E. Haze —Dios lo bendiga— había engendrado a mi amada en la hora de la siesta, en cuarto azulino, durante su luna de miel en Veracruz, y en la casa entera había recuerdos, entre ellos Dolores”, se lee en Lolita, de Nabokov.

En el antiguo paraíso hubo que internar al gran Sergio Pitol en el hospital de Xalapa, Veracruz. Al principio, no preocupó porque él dijo siempre que adoraba los hospitales, pues le devolvían las seguridades de la niñez. Pero esta vez, tras el ingreso, acechaban peligros precisamente de orden familiar: oscuras maniobras pretendían demostrar que había perdido facultades mentales: un infundio para aquellos que en los últimos meses han visitado al autor de El arte de la fuga (Anagrama) y saben —sabemos— que se mantiene plenamente lúcido y que el único problema es una afasia que le genera dificultades para hablar, aunque nunca para leer.

Desde su cuenta de Twitter, Margo Glantz reunió a más de 700 escritores que salieron al rescate inmediato de Pitol, demostrando que tiene un millón de amigos y admiradores respaldándole.

Es más, dentro de dos días, vuelve a casa. Y ayer mismo escuchó ópera en su habitación.

—Es que es de Veracruz —dicen algunos.

La frase viene de cuando un escritor del puerto empezaba en los bares de DF a decir cosas que sonaban raras, y sus amigos —para evitarle problemas— le excusaban diciendo:

—Es que es de Veracruz.

Algunos, cuando escribimos sobre Pitol, sentimos que fácilmente podríamos de verdad ser también de allí, de aquel antiguo paraíso.

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