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Wim Wenders, Oso de Oro de Honor y profeta del 3D

El cineasta presenta su drama ‘Every thing will be fine’, acogido con frialdad en la Berlinale

Wim Wenders, en el Festival de Cine de Berlín.
Wim Wenders, en el Festival de Cine de Berlín. Getty Images

En agosto Wim Wenders cumplirá 70 años. Buen momento para que la Berlinale le entregue el Oso de Oro de Honor, un homenaje que hoy recibirá en la sesión de gala y al que el festival ha acompañado con la proyección de 10 de sus grandes títulos. A muy pocos metros de donde los ángeles se asoman a la ciudad en Cielo sobre Berlín y su continuación Tan lejos, tan cerca, el cineasta nacido en Düsseldorf, pero que en los setenta se mudó a la actual capital alemana, presentó ayer su último filme. Esta vez toca ficción, Every thing will be fine, una de las “ocho películas pendientes de estreno” que tiene James Franco, su protagonista —al menos así lo dijo Franco a la prensa—, y que en Berlín ha presentado tres.

Al igual que Werner Herzog, que también concursa en esta Berlinale (y con Franco en el reparto), Wenders ha estado en la última década demostrando su talento en los documentales, sintiendo que había historias más interesantes en la vida que en la ficción. Pero hace cinco años le llegó por correo electrónico un guion de Bjørn Olaf Johannessen, “alguien del que solo sabía que había ganado un premio en Sundance; es decir, el guion me encontró a mí”. Allí había material para algo a lo que quiere dedicar los años que le queden como cineasta: “No hay suficientes películas sobre la sanación, la mayor parte hablan sobre las heridas. Y curar es parte fundamental de nuestras vidas”. Una declaración poderosa que viene de alguien que dirigió París, Texas, El miedo del portero ante el penalty o Falso movimiento, hecatombes morales y emocionales de sus protagonistas.

En los últimos años Wenders ha desarrollado un profundo amor por el 3D. Y en esta inmersión en la vida de un escritor (Franco), al que la muerte acaricia en diversas ocasiones, no ha podido sustraerse al estereoscópico. “El libreto es nórdico en su corazón. Por su autor y por cómo trata la contención de los sentimientos, algo de lo que sufrimos igualmente los alemanes. El 3D magnifica todo, incluso la falta de sentimientos. Es una lupa que agiganta todo lo que ves, y logra que la película se parezca más a lo que entiendes por realidad y menos a algo que se proyecta en una pantalla. Fíjense en cómo cambia la relación del espectador con los primeros planos”. Wenders descubrió su pasión por el 3D en el documental Pina, y aunque entonces aseguró que habría temas en los que no lo usaría, posteriormente rectificó y se convirtió en otro de los paladines de la causa. “Es verdad que su uso es más vibrante con el baile y la arquitectura, pero a su vez intensifica la plasmación de los sentimientos. Y eso vale en la ficción”.

Wenders empezó su carrera artística como pintor en París, donde se enamoró del cine. Puede que de ahí nazca su composición de planos en Every thing will be fine a la manera de la soledad que emana de la obra de Edward Hopper, lo que le enlazaría con Alfred Hitchcock —otro deudor artístico del pintor— y su mejor acompañante musical, Bernard Herrmann: la banda sonora de Alexandre Desplat para Every thing will be fine recuerda en sus cuerdas al tema central de Vértigo. “Alexandre es un enorme compositor, que ha acabado su trabajo hace apenas dos semanas. En mi cabeza había varias ideas para las cuerdas, esos posibles ecos de Herrmann, y Alexandre ha sabido leer mi inconsciente”, confirma sonriendo Wenders.

James Franco define así al director, que mantiene una melena envidiable para sus compañeros de generación, la más fructífera del cine alemán: “Es un apasionado por todos los aspectos que componen un cineasta, entiende la importancia de estar atento a cada uno de los elementos que intervienen en una película”. Puede, pero esta vez algo ha fallado en el control central: el recibimiento en Berlín de Every thing will be fine ha sido gélido.

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