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CRÍTICA | ADIÓS AL LENGUAJE

El poder del perro

Un fotograma de 'Adiós al lenguaje'. Ampliar foto
Un fotograma de 'Adiós al lenguaje'.

Quizá escribir esta crítica en forma de balbuceo de bebé o de ladrido canino sería la manera más consecuente de glosar este trabajo lúcidamente terminal, regido por la desoladora desconfianza en el lenguaje, obsesionado por abrazar la soledad absoluta de ese perro que recorre sus fracturadas imágenes como alter-ego (¿cínico?) del cineasta desdoblado en filósofo, poeta y pesimista voz de la conciencia de nuestro tiempo. Adiós al lenguaje tiene todo el aspecto de una despedida, una obra testamentaria que culmina la consecuente evolución de un cineasta que nos invitó a preguntarnos qué había detrás de las imágenes, de un creador al que se le acabó quedando corto el lenguaje canónico del medio y que lleva tiempo depurando el arte de articular citas ajenas (tanto literarias como cinematográficas), ecos de una poética personal e imágenes nobles y degradadas (aquí convive la memoria clásica del cine con el lienzo digital de última generación y el ruido pixelado de las grabaciones con teléfono móvil) para crear la ilusión de asistir a un pensamiento desplegado en directo, reflexión hecha cine o poscine.

Conviene advertir al lector de que esta película densa, pero no opaca ni inaccesible, llega a nuestro país sin su formato original en 3D: imposible, pues, apreciar lo que dijeron los espectadores de Cannes –que Godard hacía con la imagen tridimensional lo que nadie había hecho antes, logrando un equivalente visual de esa superposición de significados que propone su elocuente uso de juegos verbales y dobles sentidos en los rótulos-.

ADIÓS AL LENGUAJE

Dirección: Jean-Luc Godard.

Intérpretes: Héloise Godet, Kamel Abdeli, Ricahrd Chevallier, Zoé Bruneau, Christian Gregori, Jessica Erickson, Jeremy Zampatti, Marie Ruchat.

Género: ensayo. Francia, 2014.

Duración: 70 minutos.

“En lo que ellos llaman imágenes están los crímenes del presente”, reflexiona uno de los ¿personajes? en esta elaborada impugnación de la cultura donde se habla del Archipiélago Gulag de Aleksandr Solzhenitsyn y del Frankenstein de Mary Shelley, de la elección democrática de Hitler, de la inquietante cercanía entre democracia y totalitarismo, de la desintegración de toda comunidad a favor de la dependencia de papá Estado, de la defecación como único espacio de igualdad entre sexos… Godard retuerce la estrategia de su lúcida Film Socialisme (2010) y logra que la película sorprenda y golpee en cada cambio de plano.

El pulso entre lo masculino y lo femenino ha sido una constante en el discurso del cineasta desde la dilatada y arriesgada escena de la habitación de hotel en Al final de la escapada (1960). Aquí, como en una versión austera de las coreografías del desencuentro que ocupaban el cuerpo central de El desprecio (1963), una pareja, capturada siempre en ángulos desconcertantes y feroces, ritualiza la imposibilidad de comunicación y justifica ese deseo de ser perro que, al modo de Diógenes de Sínope, manifiesta el cineasta. Por supuesto, hay momentos de afectación cercanos a la auto-parodia –una actriz desnuda sirviendo su frase profunda mientras sujeta un cesto de frutas-, pero Adiós al lenguaje se impone como una obra provocadora en el mejor sentido.

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