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CRITICA | AMARÁS AL PRÓJIMO

La represión del deseo

La película que debería ver cualquier afectado por el celibato y por el voto de castidad de la Iglesia Católica

El actor Andrzej Chyra en 'Amarás al prójimo'. pulsa en la foto
El actor Andrzej Chyra en 'Amarás al prójimo'.

Al grano: la película que debería ver cualquier afectado por el celibato y por el voto de castidad de la Iglesia Católica, y por algunas de sus consecuencias, comenzando por el de más arriba, al que con toda probabilidad interesarían sus reflexiones. Amarás al prójimo es una polémica, valentísima producción polaca (que venga del país de Juan Pablo II tampoco es baladí) sobre un buen, un gran sacerdote, y un sobre un ser humano imperfecto, como todos; que es capaz de amar, que tiene impulsos, necesidades, emocionales, sexuales, y que aunque más legalmente que moralmente quiere contenerse, no lo consigue. Reprimir el deseo, esa quimera.

Con fotografía y puesta en escena al estilo Dogma 95, tonos amarillentos, cámara nerviosa, la película arrastra en todas sus vertientes. La formal, porque Malgoska Szumowska, su directora y coguionista (que sea una mujer también parece un dato sustancial) demuestra poder narrativo y visual, además de introducir efectos de conjunción a la contra de gran valor, como esa canción rock que ilustra una procesión y que la acaba convirtiendo en un desfile de modernidad soterrada. Y también en la vertiente interna, porque no se corta (¡ese baile del cura borracho abrazado a un retrato de Benedicto XVI!), porque da respuestas (“¡yo no soy un pedófilo, a mí no me gustan los niños; yo lo que soy es maricón!”) y porque culmina con un plano tan perfecto, en su conclusión narrativa y en su tesis moral, que sólo cabe rendirse ante la magnitud de la propuesta.