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crítica | los tontos y los estúpidos

Ejercicio metaficcional

Roberto Castón mezcla el ensayo para el rodaje, la filmación en sí y la lectura de guion

Roberto Álamo, en 'Los tontos y los estúpidos'. pulsa en la foto
Roberto Álamo, en 'Los tontos y los estúpidos'.

“Los dos caminan en silencio por el parque...”, clama una voz en off en forma de narrador omnisciente. Y, sin embargo, en la pantalla, sólo se ve a dos actores sentados con sendos guiones encima de la mesa; ni se miran, pero transmiten paz a través de una leve sonrisa. Y la mente los imagina caminando en silencio por el parque.

LOS TONTOS Y LOS ESTÚPIDOS

Dirección: Roberto Castón.

Intérpretes: Nausicaa Bonín, Josean Bengoetxea, Roberto Álamo.

Género: drama. España, 2014.

Duración: 90 minutos.

El arte de la creación es tan enigmático y el cine tan poco dogmático, que a la hora de contar una historia determinadas sistemáticas pergeñadas para distanciar pueden acabar acercando. Es lo que ocurre con la interesante Los tontos y los estúpidos, segunda película de Roberto Castón, que, partiendo de un ejercicio metaficcional, entre el ensayo para rodaje, la filmación en sí, la lectura de guión y la lectura teatral dramatizada, cuenta una historia de vidas cruzadas sin mucho de particular que, sin embargo, se convierte en algo distinto gracias a sus tres niveles de representación.

De esas capas hay dos, palpables: la película interior que ruedan o ensayan, y la película exterior, con su director y sus técnicos; y otro nivel más, intuido, lo que hay aún más lejos, la tramoya de la tramoya.