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Carlos Vermut gana la Concha de Oro del Festival de San Sebastián

El director madrileño logra el Premio a la Mejor Dirección por 'Magical girl'

El director Carlos Vermut.
El director Carlos Vermut. EFE

Ha nacido una estrella. El festival de San Sebastián ha coronado el cine del director Carlos Vermut, que con su segundo largometraje, Magical girl, se ha alzado con la Concha de Oro y además el Premio al mejor director. Estos dos importantes galardones, que casi nunca han venido de la mano —la última vez fue en 1997, cuando el francés Claude Chabrol recogió ambos premios por Rien ne va plus—, avalan así a este filme misterioso y sutil que ahonda en el juego del poder y la dominación, y que se estrena el próximo 17 de octubre.

"El cine es un viaje que no haces solo", dijo Vermut, que pisó dos veces el escenario del Kursaal en una gala presentada por José Coronado y Edurne Ormazábal. Fernando Bovaira, como presidente del jurado, dijo que el madrileño es "un cineasta de voz propia, del mundo y para el mundo". El aludido, antes de declarar su amor a su novia, dijo: "Me gustan más los personajes que las tramas, y en el anterior premio ya salí como personaje".

La 62ª edición del Zinemaldia ha dado también un sonoro respaldo a otro filme español a concurso, La isla mínima, de Alberto Rodríguez, que ha conseguido la Concha de Plata al mejor actor para Javier Gutiérrez y el Premio a la mejor fotografía para Álex Catalán, mano derecha del cineasta sevillano. "El verdadero premiado es la atmósfera de la película, y eso lo lograron todos los departamentos técnicos. Lo considero un premio para ellos", planteó en el escenario el fotógrafo, colaborador habitual de Rodríguez.

El thriller, ya en cartel y que ha entrado directamente en el segundo puesto de la taquilla, bucea en la España del posfranquismo a través de dos policías que investigan la desaparición de unas hermanas adolescentes en las marismas del Guadalquivir, unos arrozales albergadores de los siniestro.

Raúl Arévalo recogió en lugar de su compañero Javier Gutiérrez, que estaba en el teatro en Bilbao, la Concha de Plata al mejor actor y también trasladó su mensaje crítico. "Un cine hecho a base de esfuerzos titánicos y a pesar del Gobierno de Mariano Rajoy. Este cine es también suyo, así que cuídelo", leyó Arévalo al final del texto de agradecimiento de Gutiérrez.

La película francesa Vie sauvage, del realizador Cédric Kahn, se ha llevado el Premio Especial del Jurado, una especie de medalla de plata, con su ilustración de la huida durante once años de un padre y sus dos hijos por media Francia huyendo de su madre y de la sociedad que quiere atar en corto a una familia que quiere vivir fuera de las reglas. El mejor guion ha ido a parar a un escritor de prestigio, el estadounidense Dennis Lehane, que adapta uno de sus relatos cortos para La venganza, de Michaël R. Roskam, thriller que fue el último trabajo del actor James Gandolfini, y a quien Lehane, en una carta que leyó el realizador, dedicó unas cariñosas palabras de recuerdo y de homenaje a su talento. Paprika Steen, cara habitual de los filmes dogmas y de los grandes éxitos daneses, ha sido galardonada con la Concha de Plata a la mejor interpretación femenina por su papel de hija mayor de una mujer enferma terminal que pide a su familia que le acompañe en sus últimos días de vida en la danesa Stille Hjerte, que dirige Bille August, ganador de dos Palmas de Oro y de un Oscar en los años noventa. Ahora ha vuelto a su cine íntimo, a aquel manejo de la cámara con el que se convirtió en el heredero de Ingmar Bergman con la aquiescencia del maestro, que le regaló el guion de Las mejores intenciones. Steen, de 50 años, al final dedicó su trofeo a "las mujeres de mi edad".

El madrileño Carlos Vermut, que hace tres años escribió un guion para un largo con el que ninguna productora le hizo caso, acabó autoproduciendo su primera película, Diamond flash, que estrenó directamente en Internet. Magical girl, protagonizada por Bárbara Lennie, José Sacristán, Luis Bermejo e Israel Elejalde, entre otros, es todo un homenaje a las sutilezas japonesas y las contemplaciones sutiles y misteriosas del manga, en la que el espectador va conociendo poco a poco a los personajes, comprendiéndoles y aceptándolos. El equipo del filme desde horas antes celebraba el éxito conseguido: "Hay que disfrutarlo, hay que disfrutarlo", contaba el cineasta.

Borja Cobeaga ha logrado el premio a la mejor película vasca con Negociador. "Queda mucho por hacer pero vamos bien", contó el cineasta donostiarra, profeta en su tierra, sobre el estado actual del País Vasco. Y acabó recordando a Jesús Eguiguren, el presidente del Partido Socialista Vasco, y cuya labor como negociador con ETA protagoniza esta comedia.

La sal de la tierra, de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado, se llevó el Premio del público, y Relatos salvajes, de Damián Szifrón, el del público a mejor película europea. El galardón al mejor largometraje en Horizontes Latinos fue para la mexicana Güeros, de Alonso Ruizpalacios "por su osadía formal y su humor". El filme acompañó este galardón con el del Premio de la Juventud. Otro de los trofeos de más prestigio —y dotación económica del Zinemaldia— es el destinado a Nuevos Realizadores, que ha recaído en la búlgara Urok, de Kristina Grozeva y Petar Valchanov.

La gala, corta y elegante, se cerró con la proyección de Samba, la nueva comedia de los directores de Intocable, Eric Toledano y Olivier Nakache, la película no anglosajona más taquillera de todos los tiempos. Es un cine fácil, lejano al que la 62ª edición del Zinemaldia ha decidido premiar: un cine español de autor y de suspense, en un año que tendrá buenas taquillas —con la mejor cuota de mercado de la historia— pero en el que la industria atraviesa sus peores momentos.

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