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Los secretos que esconden los ramos de flores

‘Loreak’, la primera película íntegramente en euskera que compite en el Zinemaldia, deja buen sabor

De izquierda a derecha, el director Jon Garano, los intérpretes Josean Bengoetxea, Nagore Aranburu, Itziar Aizpuru, Itziar Ituno y el director Jose Mari Goenaga en la presentación de 'Loreak' en San Sebastián. Ampliar foto
De izquierda a derecha, el director Jon Garano, los intérpretes Josean Bengoetxea, Nagore Aranburu, Itziar Aizpuru, Itziar Ituno y el director Jose Mari Goenaga en la presentación de 'Loreak' en San Sebastián. GETTY

¿Quién deja las flores en los lugares en que, por ejemplo, ha habido un muerto en la calle? ¿Qué es más importante, lo que desea quien regala flores o lo que siente quien las recibe? Con premisas parecidas, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga han levantado el guion de su nuevo largometraje, Loreak, en el que vuelven a indagar en el universo femenino como ya hicieron en 80 egunean (2010). A camino entre el drama y el thriller –“queríamos bañar la película con ambos tonos”, aseguran sus realizadores- Loreak es sencilla es su arranque: dos historias cruzadas de tres mujeres a quienes su día a día se ve tormentosamente alterado solo por la presencia de unos ramos. “Las flores eran como un lienzo en blanco, porque cada uno proyecta en ellas sus deseos. Un elemento sin significado se convierte en algo muy profundo, con significado. Las dos tramas hacen que las flores sean a la vez ilusión y amenaza”, han contado esta mañana Garaño y Goenaga, que funcionan como un director con dos cabezas. “Incluso pensamos en lo interesante que podían ser las flores como herramienta de promoción [risas]”.

Loreak es, en castellano, flores, pero el título en euskera es obligatorio: la película se ha filmado en esta lengua. Como confirmaron los directores, en 1989 en el Zinemaldia se proyectó Días de humo, de Antxon Eceiza, “pero tenía partes dobladas, así que sí, Loreak es la primera película rodada íntegramente en euskera que concursa en el Zinemaldia”, comentaron sus realizadores, que después explicaron: “Nuestro anterior filme quisimos rodarlo en dos idiomas, porque nuestra realidad es bilingüe, pero por problemas de financiación no pudo ser y la hicimos en euskera. Esta ha nacido así… 80 egunean no nos fue tan mal en festivales y por ventas internacionales. La lengua dificulta su salida solo en España. Pero insistimos, nos salió natural. El idioma de cada una de nuestras películas dependerá de la historia que contemos, aunque sí creemos que es importante que haya cine en euskera”. Su presencia hoy en el concurso les ha convertido en el buque insignia del cine vasco, que ayer celebró su encuentro anual dentro del certamen, y premió la larga carrera de Pedro Olea. “A nosotros no nos da miedo ser los primeros en el concurso. Somos coherentes sencillamente con la historia. Por eso, en la pantalla cada familia habla su dialecto. El dilema se produjo al principio: ¿tenían que usar el batua, el euskera unificado, o charlar en los diversos dialectos? Hay muy poca gente que habla en batua de forma natural, así que apostamos por los dialectos. Y para los actores fue incluso más cómodo”.

Garaño y Goenaga se han convertido en maestros del universo femenino: “Es cierto que 80 egunean se centraba en una relación lésbica entre dos señoras mayores. Nosotros no actuamos de forma premeditada, consciente, ni nos planteamos a priori eso”, contaba Jose Maria Goenaga. Y señaló: “La película anterior nació de Jon, él arrancó la primera versión, y luego entramos el resto del coguionistas. Ahora ha sido al revés, la empecé yo. Insisto en que el protagonismo femenino es una coincidencia, no notamos un esfuerzo extra por ello. Escribimos sobre sentimientos universales, y puede que las mujeres y los hombres no estemos tan alejados”.

Loreak es también una radiografía emocional del carácter vasco, y Garaño y Goenaga se han reído analizando ese retrato: “Tampoco hemos sido conscientes de ello, pero me gusta escucharlo porque qué mejor que retratar nuestro entorno. Tanto en 80 egunean como en Loreak hablamos mucho de la incomunicación. Por ejemplo, con los trabajos de los personajes en lugares muy aislados como una caseta de obra, la cabina de una grúa o una caseta de peaje. Y decidimos para recalcarlo filmarlos desde fuera. En definitiva, las flores sirven para expresar cosas que no somos capaces de decir con palabras”.