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El ‘gracias a la vida’ de María Bayo

La cantante de ópera repasa algunos momentos de su carrera: "Sigo sintiendo el mismo cosquilleo"

La soprano María Bayo en Santander en agosto de 2014. Ampliar foto
La soprano María Bayo en Santander en agosto de 2014.

“Siéntete libre. Déjalo fluir”, se oye decir a la soprano María Bayo sobre un escenario. Su voz, sus brazos y sus manos son la batuta de una de las clases magistrales que imparte hasta el próximo viernes 29 de agosto en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Se mueve con la cadencia del piano que, una y otra vez, repite las mismas notas; como un junco que se pliega al viento, ella se dobla y se yergue. Canta incluso cuando no canta. Intenta corregir el tono de la joven que tiene enfrente. Cuando lo consigue, la clase acaba.

Lleva 25 años dejando su eco en los teatros más importantes del mundo: el Scala de Milán, el Covent Garden, La Monnaie, Nueva York… Se ha transformado en casi 80 personajes, y está considerada, en Madrid y París, la mejor Susanna de las últimas décadas (Las bodas de Fígaro, Mozart). Ella recuerda que cantaba todo lo que oía en la radio y en la televisión cuando apenas sabía conjugar un verbo: “Había algo en mí que me impulsaba a expresarme cantando”.

Mientras crecía aprendió solfeo, guitarra, cantó en los coros de la iglesia, en corales. La formación no fue exigente durante esos primeros años, pero todo lo que la rodeó siempre tuvo ritmo, notas, acordes. Incluso la voz de su padre. “Mi padre cantaba jotas. Murió este año, pero cantó hasta hace poco. Tenía una voz de tenor impostada maravillosa, natural”, narra mientras acompaña el relato con las manos. Ella se recuerda a sí misma entonando los éxitos de Eurovisión, a Mercedes Sosa y María Ostiz: “Gracias a la vida era una canción que me fascinaba. Me gustaba la música, la letra. La cantaba muchísimo”.

Con 17 años entró en el Conservatorio Pablo Sarasate (Pamplona) y después, en 1985, se marchó a Alemania con una beca del Gobierno de Navarra. Allí, en la Hochschule für Musik de Detmold montó por primera vez una ópera. “En el conservatorio se preparaban áreas, pero nunca tuve la posibilidad de organizar una completa. Esa fue una de las razones por las que me marché, para poder aprender a fondo”. Esa primera vez fue Lauretta (Gianni Schicchi, Puccini). En alemán. “Yo manejaba mejor el italiano, pero en Alemania las universidades daban facilidades a sus alumnos, así que tuve que aprenderla en su idioma”.

Así, siendo Lauretta, supo que ese era el primer segundo del resto de su vida: “Lo recuerdo como un momento revelador y con una nitidez total. Hasta entonces había estudiado y cantado, pero nunca había estado escénicamente en una ópera. Lo supe al instante. Y me dije, ‘esto es lo mío, este es mi sitio’”. Un cuarto de siglo después, más reposada, recuerda todas las tablas pisadas. Durante los años más vertiginosos de su carrera, era imposible mirar atrás. “Es ahora cuando me doy cuenta realmente de todo lo que he hecho. Recuerdo mis primeros pasos en la Bastilla, como Susanna; el Hendel que hice en La Zarzuela, aún no existía el Teatro Real de Madrid. Mi debut en el Metropolitan”. Se le escapa una sonrisa cuando cuenta que la primera vez que hizo zarzuela fue en el Teatro Colón de Buenos Aires con Doña Francisquita.

María Bayo durante una 'masterclass' en la UIMP en agosto de 2014. ampliar foto
María Bayo durante una 'masterclass' en la UIMP en agosto de 2014.

Hoy todavía sigue sintiendo el cosquilleo. El desafío. La inquietud. “La misma adrenalina, y si no lo sintiera, no seguiría. Sentir ese desafío es lo que te empuja a seguir. Querer hacerlo bien y darle al público lo que tienes para mostrar”. Sólo si sintiera que la voz no la acompaña, dejaría de vibrar como lo hace cuando un libreto se abre. Y no hay edad para eso: “La voz va acompañada de tu estado físico, hormonal. Hay muchos momentos en los que las sensaciones son diferentes”. Intenta mantener lo que ha conseguido con mucha pasión por lo que hace, por lo que es. “Sigo intentando hacer personajes nuevos, repertorio amplio. Porque cuando vas teniendo unos años, siempre te van dejando un poquito de lado”.

No parece que nada la frene. El pasado abril estrenó La voz humana en los Teatros del Canal de Madrid; el próximo 2015, la ópera que salió de un monólogo de 45 minutos de Jean Cocteau, llegará al Liceo de Barcelona. “Esa ópera me ha traído mucho, no sólo a nivel actoral sino humano”. Además, esporádicamente, enseña. Y quiere hacerlo más a menudo para transmitir lo que ella ha acumulado, la experiencia, que cree que es lo mejor que puede ofrecer. “A mí la música me ha formado y moldeado en todos los aspectos. A nivel literario, escénico, emocional. La música te forma. Y quiero enseñar eso”.

María Bayo en El barbero de Sevilla. / YOUTUBE

Cuando se baja del escenario, para enseñar o para cantar, se aleja de la música. Asegura que si quiere desconectar, eso es lo último que se le ocurre hacer: “Incluso si voy a un restaurante y está demasiado alta, pregunto si es posible que la bajen”. En el salón de su casa en Lyon (Francia), inundado de luz gracias a los grandes ventanales que dan paso a un jardín, lee, o ve cine. “Depende del momento. Si puedo concentrarme, leo. Si no, veo algo en casa o voy al cine”.

Ella. De la Navarra de los años 60. Premio Nacional de Música en 2009. Considerada un puntal para la recuperación de páginas inéditas de ópera y zarzuela. Embajadora de la canción de cámara española. Con debilidad por el barroco inédito, el lied y el oratorio. Sensibilizada con la difícil etapa que atraviesa la música en España, sigue entusiasmada con cada nuevo proyecto. En septiembre sacará nuevo disco. Y seguirá cantando. “Siempre que pueda”. Hasta que la vida se lo permita.