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Revista de verano

“Llevo más de 20 años cantando atrás”

El jerezano David Lagos se hace con la Lámpara Minera en el festival de cante de La Unión

El cantaor David Lagos, en su actuación en el Festival del Cante de las Minas, en La Unión (Murcia). Ampliar foto
El cantaor David Lagos, en su actuación en el Festival del Cante de las Minas, en La Unión (Murcia).

“Mi éxito en La Unión se debe a que vine aquí a cantar, no a concursar”, dice el cantaor jerezano David Lagos, que en la madrugada del sábado al domingo se convirtió en el gran triunfador en la 54ª edición del Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión (Murcia) al obtener el máximo trofeo, la Lámpara Minera, dotado con 15.000 euros, más otros tres premios, los de cartageneras, malagueñas y siguiriyas, todos ellos dotados con 3.000 euros.

Lagos, que a sus 41 años rompe la tendencia del certamen en los últimos años de premiar a artistas muy jóvenes, explica sus palabras: “Yo llevo más de veinte años cantando atrás y quería demostrarme a mí mismo que podía hacerlo de forma individual, quería sentirme artista, y pensaba que este festival tan prestigioso podía darme la oportunidad. Vine a cantar, sin esperar este éxito, me conformaba con darme a conocer y si conseguía algún premio me daba por satisfecho”. Lagos añade que cantó “con sinceridad, pensando que estaba ante el público, no ante un jurado”.

Con 41 años, rompe la tendencia del certamen de premiar a jóvenes

El cantaor, que ayer domingo seguía aturdido mientras atendía continuas llamadas de periodistas (“sigo sin asimilar lo que me ha pasado”) es, pese a sus palabras, un reconocido artista, si no por el gran público, sí al menos entre los aficionados. Obtuvo el Premio al artista revelación en la XI Bienal de Arte Flamenco de Sevilla (2000), y ha grabado dos discos, el último es una revisión de los cantes de su ciudad, Jerez, una de las cunas del flamenco.

¿Se pueden renovar cantes tan estructurados y con un canon tan establecido? Naturalmente, a Lagos la pregunta le parece retórica, y responde con enjundia: “No me gustaría que ni los cantes de Jerez ni el flamenco en general se convirtieran en un cementerio de obras maestras”.

“Si Manuel Torre o Chacón vivieran hoy —prosigue—, seguro que no grabarían los cantes como lo hicieron en su día. Afortunadamente, el flamenco es un arte vivo. Hay que ir a la fuente, mantener, como en un puchero, un determinado sabor, pero a partir de ahí se puede y se debe dar la personalidad propia, añadir este o aquel condimento”.

Lagos ha hecho buena parte de su carrera al lado de bailaores tan innovadores como Isabel Bayón o Israel Galván, con los que piensa seguir colaborando pase lo que pase a partir de ahora. Su teoría sobre la pureza la lleva al caso de Galván. “Yo, con Israel, he aprendido mucho. Y me parece que es uno de los bailaores más puros que hay porque la autenticidad no es un canon determinado, si no ser auténtico, verdadero, ser uno mismo. El flamenco es como la vida, y se es puro cuando uno vive, canta o baila como es”.