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Revista de verano

Adiós estrella del porno, hola actriz del método

Tras más de 400 películas para adultos, Sasha Grey se ha convertido en una intérprete de talento en el cine de autor con Steven Soderbergh y Nacho Vigalondo

Sasha Grey, retratada en Madrid.
Sasha Grey, retratada en Madrid.

No diga reinvención, diga Sasha Grey. Aunque ella misma tira la teoría por los suelos: “Bueno, digamos que aunque no tenía un plan, siempre he estado buscando información y experiencias. Eso sí, desde el disfrute. Y puede que parezca algo errática, pero creo que avanzo… El otro día tuve una cena con un matrimonio productor y se me abrió una posibilidad, la de ser productora de mi propio magazine televisivo que yo presentaría”. Sasha no nació siendo Sasha, la estrella femenina más popular –y más atrevida- del cine porno, sino como Marina Ann Hantzis, de North Highlands (California). En 2006, a los dos meses de cumplir 18 años, debutó en su primera película X. Hasta que anunció su retirada en Facebook el 8 de abril de 2011, Sasha Grey apareció en más de 400 largometrajes. Supo sacar partido de las redes sociales, supo llevar al límite el cine porno con el uso de máquinas. “Todo lo hice voluntariamente. Fue mi elección, tanto entrar en esa industria como abandonarla”. Puede que el empujón necesario se lo diera protagonizar The girlfriend experience (2009), de Steven Soderbergh, un papel que preparó viendo películas de Godard. “Si no hubiera trabajado en esa película es probable que no me hubiera tomado nadie en serio. Y hablamos de Steven, que como cineasta es único, que me dio la valentía necesaria para apostar por el cambio”.

Si no hubiera trabajado en 'The girlfriend experience' es probable que no me hubiera tomado nadie en serio"

A Sasha nadie parece poder detenerla: “Estoy harta de recibir propuestas de ‘prostituta en la esquina’. Tengo suerte porque puedo rechazar esos papeles, ya que tengo suficiente dinero gracias a la venta de mis novelas [la segunda, La sociedad Juliette (Grijalbo), demuestra que también sabe escribir], a mis sesiones de dj, a mi labor como fotógrafa… Por ahora, cuando no me han surgido propuestas interesantes, yo misma las he provocado. Y si no me llaman los directores y guionistas que me parecen atractivos, le pido a mi agente que los busque y quedo con ellos. Construyo relaciones. Siempre estoy atento a lo que se hace por todo el mundo”.

Cuando Nacho Vigalondo apareció con la historia de Open windows, Grey ya sabía quién era el director español. “Había visto Los cronocrímenes y me interesaba mucho, hasta el punto que me sentía una fan. Me envió el guion y el animatic [una versión animada de la película]. Era un libreto muy técnico, lleno de detalles y de explicaciones de las ventanas, algo necesario para un filme así”. Porque Open windows es la película de las pantallas, la historia de cómo el fan (Elijah Wood) de una gran estrella de cine (Sasha Grey) intenta salvar la vida de esa acosada actriz de Hollywood usando solo su ordenador portátil, cuya pantalla es lo único que ve el espectador. “Nacho tiene una energía como yo nunca había conocido. Y los fines de semana eran una locura de fiesta con todo el equipo técnico”. ¿Sintió cercano el hastío de su personaje, una estrella cansada de una industria? “Hice mis deberes, me preparé con un entrenador. Busqué pistas en las revistas del corazón. Pero además es cierto que su hartazgo, su sensación de mujer objeto, se acerca al que alguna vez sentí. La secuencia del desnudo fue muy interesante: porque debía de ser vulgar delante de una webcam y a la vez contar algo más de ella. Eso lo he vivido antes”. ¿Y el acoso? “Por Internet todo parece lejano, ¿verdad? Cuando te ocurre en el mundo real es mucho más desagradable, y yo he vivido ambos casos”.

Europa es muy distinta. La vida es mucho más importante que en Estados Unidos, donde se prioriza la profesión"

Aún hoy, gracias a la vida eterna del porno en Internet, a Grey le paran por la calle. “¿Sabes? Europa es muy distinta. La vida es mucho más importante que en Estados Unidos, donde se prioriza la profesión. Y eso significa mentalidades diferentes. Nunca me he sentido intimidada en España, y sí, me piden fotos. A veces me miran con cara de ‘Me suenas…’, que significa que efectivamente han visto porno [risas]”. A pesar de eso, durante el rodaje en Madrid sus agentes escondieron dónde se alojaba. “Aquí, en este mismo sofá [en las oficinas de la empresa responsable de la posproducción], dormí una noche”. ¿Tan mal andaban de presupuesto? “Nooo [risas]. Es que ha sido un proceso largo, he vuelto a Madrid en varias ocasiones y alguna vez mezclé trabajo y fiesta. Con Nacho nunca sabes cuándo acabas. En todo”.