crítica | mi otro yo
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Desdoblamientos

Es una inesperada incursión de la catalana Isabel Coixet en el terror

La popularidad que el cine de terror oriental, en especial en sus variantes japonesas, obtuvo en los mercados occidentales trajo consigo una fértil discusión sobre las inercias de los modelos dominantes heredados del cine estadounidense de los ochenta. El miedo volvía a ser una cuestión de puesta en escena y no una de las funciones de las mesas de posproducción. Mi otro yo, inesperada incursión de la catalana Isabel Coixet en el género, parte de esa convicción, aunque no logra mantenerse firme en su apuesta estilística y el conjunto acaba siendo menos que la suma de sus partes —algunas de ellas, realmente afortunadas—.

MI OTRO YO

Dirección: Isabel Coixet.

Intérpretes: Sophie Turner, Claire Forlani, Jonathan Rhys Meyers, Rhys Ifans, Geraldine Chaplin.

Género: terror. Reino Unido, 2013.

Duración: 86 minutos.

En Mi otro yo, Coixet adapta la novela destinada al público juvenil Another me, de la escocesa Catherine MacPhail: antes que llevar la novela a su terreno, da la impresión de que la directora ha encontrado en la protagonista adolescente del relato —Fay (Sophie Turner), una joven tan aislada en su instituto como en su entorno familiar que siente el acoso de una doble fantasmagórica— un material cercano al de los complejos personajes femeninos que han poblado sus perseverantes puestas al día del melodrama.

Tras la apuesta de riesgo que supuso Ayer no termina nunca (2013), Coixet sigue buscando, pero aquí se ha reencontrado, a ratos, con esa estética publicitaria que su cine ya había logrado conjurar.

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