CRÍTICA | AMANECE EN EDIMBURGO
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Vivo cantando

'Amanece en Edimburgo' apela a pasiones tan básicas como el amor, la guerra y hasta el pub por medio de un guion truculento

Fotograma de 'Amanece en Edimburgo', musical de Dexter Fletcher.
Fotograma de 'Amanece en Edimburgo', musical de Dexter Fletcher.

Los detractores de Amanece en Edimburgo podrán decir (y con razón, pues parte de un musical teatral de 2007), que su estilo está mucho más cerca de los simplísimos espectáculos a mayor gloria de la nostalgia por un grupo que del musical clásico americano, por muy sencillas y estereotipadas que fueran aquellas tramas, pero entre el páramo actual del género, en cuanto aparece una película en la que los personajes se ponen a cantar los fanáticos nos encendemos de gozo. Carta de amor a la preciosa Edimburgo a través de las canciones de The Proclaimers, la película apela a pasiones tan básicas como el amor, la guerra, la familia y hasta el pub, por medio de un guion truculento. Entre el catálogo de pesares, puede que entre ciertos espectadores se impongan sus ganas de agradar y los festivos acordesfolk del grupo. Ni más ni menos. Con un servidor lo consiguieron.

AMANECE EN EDIMBURGO

Dirección: Dexter Fletcher.

Intérpretes: George MacKay, Kevin Guthrie, Freya Mavor.

Género: musical. R. U., 2013.

Duración: 100 minutos.

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Sobre la firma

Javier Ocaña

Crítico de cine de EL PAÍS desde 2003. Profesor de cine para la Junta de Colegios Mayores de Madrid. Colaborador de 'Hoy por hoy', en la SER y de 'Historia de nuestro cine', en La2 de TVE. Autor de 'De Blancanieves a Kurosawa: La aventura de ver cine con los hijos'. Una vida disfrutando de las películas; media vida intentando desentrañar su arte.

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