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“No tengo aún suficientes medallas para considerarme cineasta”

Emilio Aragón estrena su segunda película como director, 'Una noche en el viejo México', con Robert Duvall

Emilio Aragón, en la redacción de EL PAÍS.
Emilio Aragón, en la redacción de EL PAÍS.

Emilio Aragón repite un par de veces a lo largo de la entrevista: "Tengo 55 años". No lo verbaliza, pero de esa declaración y de otras insinuaciones deja claro un mensaje: ya no está para perder el tiempo. En su horizonte está la música y el cine -"porque en él puedo escribir, dirigir y componer, las cosas que más me gustan"-, y aunque hace pocos días estuvo en un plató de televisión, el de El hormiguero, y le volvió a picar el gusanillo -"Es que hacía 10 años que no pisaba uno y se despertó algo en mí"-, no cambia su futuro. Primero su guion protagonizado por un esquizofrénico, luego, si es posible, otro que le gustaría rodar en China. "Ya me equivoqué de joven en algunas cosas y aprendí".

Ya me equivoqué de joven en algunas cosas y aprendí"

Pero antes le toca promocionar Una noche en el viejo México, su segundo filme tras Pájaros de papel, un guion del veterano William D. Wittliff, que llevaba en la mente de Robert Duvall más de dos décadas. "El original que leí tenía un tercer acto distinto. Me senté mucho con William y cambiamos cosas. Para mí las peripecias de la película solo sirven para apuntalar la historia importante: la relación ente abuelo y nieto. Las otras tramas deben de ir subordinadas a la principal. Es más, los momentos de acción que se alejan de Duvall y Jeremy Irvine [que encarna al nieto] están para que entendemos el peligro que emanan los personajes que rodean a los protagonistas. Podía haberlo contado incluso en off, pero el espectador creo que debe sentir que esos tipos no se andan con chiquitas. Incluso rodé más de esa trama, y lo quité en la sala de montaje, porque despistaba". Así que Aragón hace suyo el resultado... en parte. "Nunca me planteé comprar el guion y hacerlo mío. Es de otra persona por mucho que lo toques. Pero formaba parte del ejercicio dirigir algo de otro. Y sí, soy el director. Duvall me gustó mucho en cómo respetaba el guion, aunque más aún su personaje, y te decía qué palabras nunca diría su papel".

Robert Duvall, en el rodaje con Emilio Aragón. ampliar foto
Robert Duvall, en el rodaje con Emilio Aragón.

Duvall, según Aragón, tiene su carácter. "Era prácticamente seguro que si rodábamos el guion iba a estar él. La primera vez pasamos un día juntos, porque a pesar de que fuera el gran Duvall, se yo veía que no había química no trabajaríamos juntos. Y él supongo que pensaba igual. Funcionamos. Yo no sé trabajar en ambientes tensos, por mi carácter. Durante la preproducción hubo algún momento de choque de fechas, de posibles imponderables que fuimos sorteando. Desde luego el proyecto era atractivo por el paquete Duvall-guion. En el rodaje marcó claramente las secuencias difíciles, las dejamos para el final. En el día a día claro que sacaba su carácter. Pero igual que se enfadaba, era generoso con sus compañeros. Yo a lo largo del rodaje me senté mucho con él, a ver cómo pensaba afrontar esos momentos. Mira, salvo cuatro días que hubo malos, en realidad incómodos, achacables al calor, al cansancio y a la edad, fue todo fluido". Aragón recuerda la dificultad del monólogo en que Duvall se apunta la cabeza con una pistola, un momento de gran tensión dramática que el actor hizo a la primera y que hubo que repetir porque se le había olvidado quitarse el sombrero de cowboy [fundamental para enlazar con la secuencia siguiente]. "Cuando acabó la primera toma, me acerqué a él, le expliqué el problema con la máxima suavidad posible, y él se enfadó... consigo mismo. Repetimos y volvió a estar espectacular".

Pájaros de papel era una película que Aragón debía a su pasado, a su familia. Con Una noche en el viejo México el director alcanza otra libertad: "Cierto, y creo que doy un salto en mi carrera. Cuando cerramos el acuerdo me dio un cierto miedo, por si me metía en un fregado... Porque rodaba en inglés, en otro país, con un equipo la mitad estadounidense y la mitad española. No sabes cómo va a funcionar... Es inevitable que si tú escribes el guion haya algo de ti en las páginas, y eso me acerca a Pájaros de papel". ¿Se siente ya Emilio Aragón director de cine? "Sé que no tengo todavía las suficientes medallas. Si la gente supiera todo lo que yo he vivido y todo lo que me he preparado me vería de otra manera. Los cinco años entre Pájaros de papel y este estreno los he dedicado a estudiar, a prepararme para continuar contando historias. Lo bueno que tiene el cine, egoístamente para mí, es que me pongo delante de un papel en blanco, escribo, dirijo y luego compongo la banda sonora. Si la crisis me dejara, me gustaría seguir por este camino... pero que no pasen tantos años entre una y otra". El miembro de una familia mítica de payasos habla ahora de abogados, de contratos kilométricos que hicieron "farragosísimo" el proceso. "Y claro que noto la crisis, porque las fuentes de financiación son las que son. Ojalá el low cost no se convierta en el regular cost en la industria española, que esos problemas no nos coarten incluso al escribir". Y apunta como posible solución la coproducción con Latinoamérica.

En un momento dado, Aragón ha hablado de aprendizaje juvenil, de errores del pasado. ¿Cuáles fueron? "Pasé demasiado rápido por algunas cosas, les dediqué menos tiempo del que merecían. Pensé que sabía de algo, salté a otros terrenos y descubrí que no era así. En fin, nada en concreto.... Mira yo tenía 22 años cuando afronté mi primer proyecto en solitario, Ni en vivo ni en directo [un programa de sketches que duró dos temporadas]. No le dediqué a lo mejor suficiente tiempo a los guiones o a la puesta de escena. Es injusto porque decirlo ahora, pasado el tiempo, es fácil criticar. Y sí, llegamos a los Emmy. Pero... Hoy sería imposible producirla por el coste, razón por la que no hubo ya entonces tercera temporada. Yo solo puedo hacer una cosa: ser honesto como mis decisiones. Y la última ha sido contar mis historias".

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