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crítica | edificio españa

La torre de Babel

Filme de terror sonoro, entre lo melancólico y lo apocalíptico, el documental está lleno de momentos-símbolo

Fotograma de 'Edificio España'.
Fotograma de 'Edificio España'.

No pocas veces los documentales tienen su mejor momento en una metáfora inesperada, en una figura retórica no buscada que resume el espíritu de conquista de las películas sin objetivo previo. En Edificio España, relato sobre las labores de demolición del interior del rascacielos de la plaza madrileña del mismo nombre, se produce con el especialísimo método de trabajo de los obreros, que para sacar los escombros, muebles viejos y porquería de una planta, recurren simplemente a lanzarla por el hueco de la escalera. Es entonces cuando, al tirar un gran armario, este queda encajado entre baranda y pared, sin poder salir ni hacia arriba ni hacia abajo. Víctor Moreno decide hacer una elipsis, pero la burbuja inmobiliaria, rota también por un especialísimo método de trabajo que una vez salió a la luz quedó al descubierto tras sus mentiras, anda por ahí.

EDIFICIO ESPAÑA

Dirección: Víctor Moreno.

Género: documental. España, 2012.

Duración: 95 minutos.

Moreno no juzga, no recurre a la voz en off explicativa, solo filma, hasta lograr dos cosas de valía. Primero, una serie de microhistorias, de los obreros, de los vigilantes nocturnos, retratos de una sociedad en movimiento y multicultural que contrasta con los pensamientos y directrices de los mandamases que habían planeado un modernísimo edificio con 300 viviendas tras su reforma. Y segundo, un símbolo de los restos del naufragio de una España que poco después acabó mandándolos a (casi) todos al paro. Película de terror sonoro, entre lo melancólico y lo apocalíptico, pequeña pero matona, Edificio España está llena de momentos-símbolo, como ese obrero subido en un andamio tirando un techo a patadas, o ese instante de choque de culturas, de torre de Babel, en el que los albañiles hablan durante la comida de la poligamia (que practica un senegalés con tres esposas), rematada con la frase lapidaria de un ecuatoriano: “¿Y con una nómina para las tres o qué?”.