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crítica | una vida en tres días

¿Rumbo o rumba?

La película de Jason Reitman, ridícula, no posee lógica interna y lleva al público de un atraco lacrimógeno a otro

Kate Winslet y Josh Brolin, la pareja de 'Una vida en tres días'.
Kate Winslet y Josh Brolin, la pareja de 'Una vida en tres días'.

De acuerdo con Hitchcock en que la exigencia de verosimilitud en el cine es “tan ridícula como pedir a un pintor figurativo que represente las cosas con exactitud”. Lo que debe tener el relato es una lógica interna que acabe conformando una historia plausible dentro de sus esquemas básicos, sus subtextos, sus objetivos y sus líneas formales de actuación. Justo lo que no tiene Una vida en tres días, quinta y ridícula película de Jason Reitman. Sobre todo porque además de no poseer lógica interna, la externa es rastrera, con un atraco lacrimógeno tras otro, y un discurso formal de cargante suspense emocional, hasta la abyección de su inverosímil secuencia con cadáver de bebé de por medio.

UNA VIDA EN TRES DÍAS

Dirección: Jason Reitman.

Intérpretes: Kate Winslet, Josh Brolin.

Género: drama. EE UU, 2013.

Duración: 111 minutos.

Así que al final, cuando la policía llega a la casa donde el convicto y su redentora nueva familia han vivido la gloria, digamos que hay ciertos problemillas para escapar. Lógico, si en lugar de hacer pasteles y aprender a bailar la rumba (no es una metáfora) hubieran planeado mejor la fuga, alguien les hubiera ayudado. Quizá hasta la bendita verosimilitud.