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“Quiero dejar todo lo que tenga que ver con el cine, incluida la Academia”

Enrique González Macho se despide y convoca elecciones, pero se guarda un as en la manga: volver a presentarse si las opciones a sucederle son “raras o peligrosas” para la institución

Enrique González Macho, en las oficinas de Alta Films, en abril de 2013.
Enrique González Macho, en las oficinas de Alta Films, en abril de 2013.

Enrique González Macho, presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, se despide tras tres años en el cargo. Pese a que muchas voces desde dentro de la entidad le han insistido para que siga, su decisión es clara: abandonar el cargo, en el que sustituyó a Alex de la Iglesia y por el cual luchó contra Bigas Luna, resultando vencedor por amplio margen. Su decisión de no seguir es irrevocable, salvo… que la candidatura o candidaturas que opten a la sucesión le parezcan “extrañas y peligrosas para la Academia” (ninguna opción se ha hecho notar todavía en ese sentido). “Mi decisión es tajante: lo quiero dejar, porque se cumple mi mandato (expira en teoría el 10 de abril) y porque quiero dejar todo lo que tenga que ver con el cine, pero, sin querer ir de salvador por la vida, no estoy dispuesto a que tanto trabajo quede en nada”, explica el productor, exhibidor y distribuidor madrileño. Conclusión: si nadie se presenta o si el que se presenta no le convence, González Macho no descarta, pese a las aparentes pocas ganas, volver a presentarse a última hora.

El todavía máximo responsable de la Academia ha vivido un 2013 realmente traumático en lo profesional con el desmantelamiento de su empresa cinematográfica, Alta Films. El propietario de la cadena de cines Renoir apenas mantiene abiertas 20 salas de las cerca de 200 que llegó a tener activas en Madrid, Barcelona, Majadahonda, Zaragoza, Palma de Mallorca, Cuenca, Guadalajara y Santa Cruz de Tenerife. La caída de la asistencia al cine en salas, el desplome definitivo del mercado del DVD y la progresiva deserción de los directivos de las cadenas de televisión de su compromiso con el cine de autor fueron los motivos esgrimidos por González Macho para echar el cierre. Tampoco fue un año fácil en lo personal: el pasado 12 de septiembre fallecía a los 49 años el exdirector general de la Academia, José Garasino.

El caserón de la madrileña calle Zurbano donde tiene su sede la Academia se dispone, pues, a entrar en un período electoral que culminará el próximo 24 de mayo, día en el que se conocerá el nombre del nuevo presidente. La Junta directiva de la Academia, máximo órgano rector de la institución, abrirá el plazo de presentación de candidaturas esta misma semana, plazo que se prolongará hasta próximo 10 de abril. Un día después las candidaturas quedarán proclamadas oficialmente, y la Academia enviará las papeletas de voto a sus socios el 18 de abril. Estos podrán, como siempre, optar entre votar por correo, por e-mail o, el mismo día 24, de forma presencial en la propia sede de la Academia de Cine.

González Macho tiene clara una cosa: quiere abandonar el sillón de la Academia. Pero no tiene menos clara otra: no quiere que tres años de “incansable trabajo” al servicio de la institución que organiza los Premios Goya pero también un sinfín de iniciativas más caigan por la borda. Dicho en román paladino: el presidente saliente quiere un presidente entrante de garantía, capaz no solo de preservar todo lo que se ha hecho “en estos tres últimos años, una época complicadísima por la falta de medios económicos”, sino de ir más allá en los objetivos y los logros. Por ejemplo, en la consolidación de una de las cosas de las que más orgulloso se siente González Macho: la consolidación de la Federación de Academias de Cine Iberoamericanas, que en la actualidad integra las de España, Portugal, Brasil, Argentina, Colombia, México, Argentina y Chile (con contactos incluidos con otros países que tienen que confirmar su incorporación), y que celebrará su próxima junta en marzo en Panamá.

Otra meta a corto plazo declarada es obtener mayores fuentes de financiación para poder organizar unos Premios Goya de más relumbrón. Cuando muchas opiniones coinciden en que el modelo de la gala de los Goya está agotado en su actual formato, parece claro que lo que al fin y al cabo no deja de ser una gran producción televisiva requiere de mayores medios. En la actualidad, la Academia se nutre financieramente por un lado de las cuotas de sus 1.300 socios, de una pequeña subvención del Ministerio de Cultura (el Estado cede, además, el usufructo del palacete de la calle Zurbano) y, sobre todo, de la autofinanciación procedente de la búsqueda de patrocinios privados.

En lo que parece el momento del adiós (salvo, repetimos, decisión de última hora), Enrique González Macho, que hace tres años sustituyó en el puesto a Alex de la Iglesia, tiene claras las partes positiva y negativa de su mandato: “En lo positivo, sin duda, la gente de la Academia, y no es una frase hecha, los socios, la gente que trabaja en la casa, y que lo hace de forma vocacional, porque para lo que les pagan… y claro, todas las actividades que hemos logrado hacer, no solo los Goya, que es lo más conocido, sino las proyecciones, los coloquios, los encuentros entre gente del cine. En lo negativo, no haber podido hacer muchas más cosas por falta de financiación, como completar el Paseo de las Estrellas o no tener más dinero para los Goya”. Y un regusto amargo: que una de las últimas ‘muescas’ de su etapa al frente de la Academia fuera el plantón de todo un ministro de Cultura. “Creo que Wert se equivocó al no ir a los Goya y así se lo dije”.