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ANÁLISIS

Renovar el ADN o aceptar

El nuevo arte latinoamericano es crucial para el futuro de ARCO

El esfuerzo de las galerías españolas ha sido encomiable

'Bacchus, 2011' de Stephan Balkenhol y, al fondo, 'La imagen de la mujer desnuda', de Thomas Ruff, en Arco. Ampliar foto
'Bacchus, 2011' de Stephan Balkenhol y, al fondo, 'La imagen de la mujer desnuda', de Thomas Ruff, en Arco.

Al margen de la crisis económica y de sus secuelas fiscales —estas, por cierto, de discutible incidencia en el mercado del arte—, la 33ª edición de ARCO, un guarismo que por analogía suscita respeto, se nos presenta, de entrada, con un aspecto casi el doble de mejor que la anterior edición desde todos los puntos de vista, empezando por el económico, que es el fundamental, aunque para el arqueo definitivo es prematuro hacer aun cábalas. La actual dirección de la feria, que ha tenido que sobrellevar todas las vacas flacas imaginables, tras años de alegre disipación, no solo ha puesto buena cara ante el temporal, sino que, para mí lo más importante, parece decida a reinventarse Arco, pues está claro que hay que hacerlo, ya que, por una parte, estamos en un periodo de transformación del mercado del arte contemporáneo, en la que lo ferial va a incrementar exponencialmente su importancia y, en consecuencia, se presentan opciones internacionales cada vez más competitivas; pero, por otra, se hace menos verosímil que un simple apoyo político-mediático sustituya o atenúe la realidad de un mercado local todavía muy raquítico. En este sentido, hay que, en efecto, renovar el ADN de ARCO o conformarse con su indeclinable decadencia.

En cualquier caso, y descendiendo al detalle, el primer día de visita profesional ha lucido con un sol espléndido, tras muchas semanas en la sombra, poniendo un marco de áureo optimismo contagioso. La organización funcionó con la precisión de un reloj suizo. Las caras de los feriantes, aún no desgastadas por la brega, eran radiantes y el recinto se llenó pronto de una profusa algarabía de profesionales, coleccionistas y curiosos. El esfuerzo de las galerías españolas ha sido encomiable, como si se sintieran espoleadas por las dificultades, desde las más veteranas y consolidadas como Leandro Navarro, Elvira González, Helga de Alvear, Henrich Ehrardt, Elba Benítez, Marlborough, Oliva Arauna, Fernández-Braso, Fúcares o Álvaro Alcázar, hasta las de más reciente singladura como especialmente Ívorypress o Travesía Cuatro, por citar nombres poco a vuelapluma. Aunque se conservan presencias internacionales de indudable peso, se aprecia, sin embargo, un descenso de la oferta foránea, lo cual, dada las circunstancias, parece lógico. Se nota el esfuerzo realizado por la organización para suplir esta sequía con firmas emergentes, que maquillan algo lo que esta ausencia pudiera tener de efecto negativo. En este sentido, hay que resaltar las propuestas de Opening, que promueve el nuevo arte latinoamericano, algo crucial, a mi juicio, para el futuro de ARCO, y que, en esta edición, tiene una escasa representación ferial, salvo alguna presencia histórica, como la de Jorge Mara-La Ruche y alguna otra, o la de Solo Projects, que anima la selección asimismo de nuevos valores además, naturalmente, del conjunto de galerías invitadas de Finlandia, muy variada y curiosa. Por lo demás, aunque se haya rebajado el insoportable peso de stands institucionales de diverso pelaje, todavía resulta un tanto agobiante.

En cuanto a los artistas, en función de lo antes sugerido, se puede decir que el arte español está muy bien representado, tanto en lo que se refiere a las figuras consagradas, como a las emergentes. Mientras que la internacional es obviamente más pobre, pero esta, en cierta manera, se suple porque las galerías españolas o extranjeras ofrecen arte sin distinción de nacionalidad, con lo que se encuentran piezas interesantes. El conjunto, desde luego, merece ser visitado con provecho.

El nuevo arte latinoamericano es crucial para el futuro de la feria

En resumidas cuentas: se percibe un optimista aire de esperanza en general, que desearíamos se tradujese en resultados rentables. Personalmente, lo que a mí más me anima es notar que el espíritu de resistencia parece haberse trocado por otro mucho más fructífero de transformación: la de buscar un nuevo horizonte para ARCO menos institucional y más internacionalmente competitivo; esto es: el de hallar una plataforma comercial singular y sin muletas. Sería una lástima que no se acabara consiguiendo, sobre todo, porque el aire de los tiempos indica, como antes apunté, que las ferias de arte van a cobrar cada vez un mayor protagonismo y hay que dotarse de un espíritu competitivo, ya que estamos ante una realidad de mercado, de suyo implacable.

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