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Diego Luna, “Desde luego, un psiquiatra ahondaría en mí”

El actor y director presenta en Berlín el documental 'César Chávez, su tercer trabajo detrás de la cámara

El director mexicano Diego Luna durante una rueda de prensa ofrecida con motivo de la presentación de la película "César Chávez", durante la 64ª edición del Festival de Cine de Berlín.
El director mexicano Diego Luna durante una rueda de prensa ofrecida con motivo de la presentación de la película "César Chávez", durante la 64ª edición del Festival de Cine de Berlín. EFE

Durante el tiempo que vivió Diego Luna (México DF, 1979) en Los Ángeles —allí nació su hijo mayor—, el actor y director descubrió bastantes calles, grafitis y murales dedicados a César Chávez. Empezó a investigar la figura del sindicalista de origen hispano y nacido en Yuma (Arizona), el hombre que logró derechos para los braceros que recogían la uva en California a inicios de los sesenta, una lucha de un lustro que incluyó un boicot contra esa fruta, y que incluyó la huelga de hambre de Chávez. Un líder que llegó a ser portada de Time,pero que pocos hoy recuerdan.

 “Estados Unidos es un país que cuenta la historia de todos sus héroes y las festeja. El resto del mundo no somos así: y también las tenemos. Incluso hay películas hollywoodienses sobre hechos normales que gracias al celuloide devienen en heroicos. Bueno, pues a pesar de todo esto, nunca se había hecho un filme sobre César Chávez, porque él es una verdad incómoda, porque procede de una comunidad que el resto no acaba de aceptar”, explica Luna.

Por eso se convirtió en el protagonista del segundo largo de ficción de Luna tras su espectacular debut con Abel (su tercer trabajo si se incluye el documental J. C. Chávez), titulado, casi obligadamente, César Chávez. Ayer se estrenó en las Galas Especiales de la Berlinale, pero más de uno se preguntó cómo no estaba en la Sección Oficial. “No podría imaginarme hoy la presión del concurso. Cuando empecé a rodar, yo no estaba personalmente preparado. Pero esa sensación de la historia y que yo mismo sentí en el rodaje, de ir contra algo que me permitía avanzar, ha ayudado mucho al resultado final”.

Diego Luna ha encontrado su chispa como director. Tanto que ahora se siente mejor realizador que actor, o al menos ha decidido tomarse la interpretación de forma más pausada. “Es la primera vez que estoy de promoción y no tengo algo más rodado, a punto de estrenar. En realidad, como actores no contamos nuestras historias, y si lo intentamos, molestamos a quien tiene que ser el autentico narrador: el director. Sentí que empezaba a molestar en los platós demasiado y, ahora, tras dirigir, estoy más tranquilo, me dejo llevar más”. Con César Chávez, el realizador remueve la herida latina en Estados Unidos. “Fíjate, la gente cree que era mexicano, y nació en Arizona. Más aún, cuando se trasladó a California a apoyar a los braceros tuvo que mejorar su español”. Lo mismo le ocurrió a Michael Peña, que le encarna en la pantalla: nacido en Chicago, ha redescubierto su cultura hispana. “No es casualidad que quienes produzcamos la película seamos una compañía mexicana, con oficina en California. Signo de los tiempos. Y hemos rodado casi todo en México porque allí teníamos la libertad”, cuenta Diego Luna.

A pesar del triunfo de Chávez, muchos testigos de aquellos acontecimientos, explica, “siguen sin comer uva”. Fallecido en 1993, al sindicalista le preocupaba su legado. “Es una película de padres e hijos. César le explica sus pasos e intenta recomponer su relación con su hijo mayor, su antagonista, el portavoz de los terratenientes [John Malkovich], también piensa en lo que heredará su familia. Sí, al final busqué conexiones entre ellos y con el público”.

¿Sus películas no acaban centrándose siempre en relaciones paternofiliales? “Un psiquiatra, desde luego, ahondaría en mí. Me llevo bien con mi padre, pero es cierto que me hice actor bebiendo de su mundo”. De César Chávez queda una imagen sincera, con sus defectos y su humanidad. “Fue un gran hombre, pero también cometió errores. Y tuvo detrás a Dolores, su esposa, que era una adelantada a su tiempo, al machismo latino, y que en muchos momentos fue su motor”.