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HAY FESTIVAL CARTAGENA DE INDIAS

El pequeño futuro editorial

El Hay Festival acoge un encuentro de editores cuya mayor sorpresa ha sido la irrupción de nuevos y arriesgados sellos jóvenes

Cartagena de Indias
Un grupo de niños, en el Hay Festival de Cartagena de Indias.
Un grupo de niños, en el Hay Festival de Cartagena de Indias.

Los lloros y la impotencia del sector editorial español encuentran un pañuelo donde enjuagar las lágrimas cuando aterrizan en América Latina. El consenso entre las marcas con sede en España es que el continente les ha salvado en estos tres últimos años de descalabro sin medida que ha desangrado el mercado sin coágulo. La Plataforma del Hay Festival de Cartagena ha acogido, entre otras cosas, un primer gran foro bajo el título Talento editorial, que ha reunido a profesionales de ocho países americanos y europeos. Además de los cantos apocalípticos han hallado algo de luz al final del túnel.

Y ha sido gracias a los nuevos talentos presentes. Firmas como los españoles Jeckyll & Jill, Trilce o Sur +, de México, voces independientes como las de Alejandro Katz o Diego Bianki, en Argentina, el gran análisis del sector global que ejerce Nubia Macías, exresponsable de la Feria de Guadalajara y hoy directora de Planeta México, la veteranía singular y en solitario de Jacobo Siruela o, al frente de Mondadori, la de Claudio López Lamadrid, el tesón por construir sobre géneros como el cuento por parte de pequeños grandes editores como Juan Casamayor, de Páginas de Espuma, proporcionaron a los debates diversidad de puntos de vista.

Entre el pesimismo de un modelo que no aguanta los embates y la esperanza de editores de capricho como Jeckyll & Jill, ha girado el panorama de este encuentro organizado por la librería Cálamo (Zaragoza) y auspiciado por el ministerio de cultura colombiano y Acción Cultural Española (ACE).

Puede que en parte Philip Roth un día tuviera razón al afirmar: “Las pantallas nos han derrotado”. Pero cuando uno se sienta enfrente de Jessica Aliaga Lavrijsen o Víctor Gomollón y le muestran el catálogo de los diez libros que han publicado al frente de Jeckyll & Jill, le resta gravedad al asunto. Su gran éxito ha sido la edición del cuento Del enebro, escrito por los Hermanos Grimm e ilustrado por Alejandra Costa. Todos sus libros llevan un regalo dentro. “Somos fetichistas, tenemos fe, eso es, fe, porque no hay nada en el mercado que nos empuje a creer y sin embargo creemos. Es más, no nos van a hacer dudar”, aseguran.

América Latina ha sido un descubrimiento para ellos. Andan entregados al oficio y no quieren ganar dinero. Traducen los libros, los diseñan, investigan para mejorar sus ediciones y no decaen. Se conocieron por Internet y en vez de acabar ligando —no son pareja—, montaron un negocio. “Somos muy diferentes, pero juntos funcionamos bien”, aseguran. Ambos conservan sus trabajos. Él como diseñador gráfico y ella como profesora de inglés en el Centro Universitario de Defensa. El tiempo libre lo dedican a la artesanía de ofrecernos grandes e insólitos libros.

Al entusiasmo fanático de Víctor y Jessica, le sigue el contrapunto de Alejandro Katz, argentino, rodado en el Fondo de Cultura Económica y desde hace 7 años al frente del propio sello que lleva su nombre, centrado en el ensayo. “El futuro, no sé, no lo veo. El presente es muy laborioso, terriblemente laborioso”, comenta Katz. No solo por la crisis que ahora ve que cerca su país, también con el peso de la otra debacle que asoló España.

Ve poco recorrido al libro. Cree desesperadamente en él y en que dicho objeto aglutinaba el ideal y el consenso para el progreso de las sociedades que lo cultivaban, sobre todo en la generación anterior a la suya. “Cuando yo empezaba, nuestros editores mayores sabían y confiaban en que el libro contaba con un futuro esplendoroso, hoy, nosotros sabemos que el libro no será un emblema”, comenta Katz.

Pero aun así, ve camino para dos o tres formas de existencia. “Los pequeños proyectos muy en sintonía con una generación, una estética concretas, con minorías, pero que se arriesgan a ser efímeros y a tener que reciclarse en otros rápidamente”, pronostica. Por otro lado están los grandes grupos, a condición de que muestren nervio para encarar los enormes procesos tecnológicos constantes con que les reta el mercado. Otras propuestas a medio camino, “anticuadas, como la mía”, asegura Katz, lo tienen más negro.

Ante eso, se impone también la necesidad de ser selectivos y contar con el apoyo de otros filtros muy útiles como referencia al lector que son también las librerías. Es lo que cree Paco Goyanes, de la zaragozana Cálamo. “Aquí se ha hablado mucho del criterio como papel clave de la supervivencia, tanto en la selección como en la discriminación, libreros y editores debemos jugar nuestro papel de guía”.