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OPINIÓN i

Sigue vivo, aunque digan que se muere

Con cuantiosas películas no he tenido la sensación de perder el tiempo este año en las salas

Entre las muchas devastaciones que provoca el paso del tiempo y la llegada de la nieve, una que me causa especial pesadumbre es perder la memoria cinéfila. No las impagables sensaciones que te provocan algunas películas, pero sí la dificultad para recordar sus títulos, confundir las fechas en las que te encontraste con ellas por primera vez, tardar más de un minuto en descubrir el nombre de sus creadores.

Por ello me obligo a pedir una lista cuando me piden que escriba sobre mis preferencias del año. Al examinarla, descubro que contra las predicciones o las certidumbres ajenas sobre la nefasta salud del cine actual, se han estrenado este año bastantes películas que me gustan.

Siento angustia, miedo y piedad ante lo que cuenta Haneke en Amor. Jeff Nichols habla con profundidad y lirismo de la infancia y su necesidad de mitos en la hermosa Mud. Permanezco en tensión aunque conozca el desenlace durante el amplio metraje de La noche más oscura, esa película más sombría que épica en la que los presuntos buenos utilizan incansablemente la tortura contra los malos para cazar a Bin Laden. Me regocija la forma en la que narra Tarantino la venganza de un liberado esclavo y su justiciero maestro alemán contra las bestias blancas que causaron su tragedia en la bien rodada y mejor escrita Django desencadenado, disfruto con su humor y con la brillantez de su creador al construir secuencias tan largas como tensas.

Tal vez pueda fatigar el tono discursivo de Lincoln o la morbosa ambigüedad de The master, pero observar las asombrosas interpretaciones de Daniel Day Lewis haciéndote creer que Lincoln ha resucitado y de Philip Seymour Hoffman imprimiendo seducción y turbiedad al líder de la Cienciología justifica el precio de la entrada. La danesa La caza perturba retratando la brutalidad ambiental de una comunidad que parecía modélica cebándose con un falso culpable que ha sido acusado por una niña. La opresiva película alemana Barbara logra que no sientas ninguna envidia de haber vivido en la República Democrática Alemania. Es muy complejo y creíble el dilema familiar, genético y afectivo que plantea el japonés Kore-eda en De tal padre, tal hijo. El argentino Santiago Mitre logra con escaso dinero y mucho talento en El estudiante hacer un retrato sutil de la corrupción política en la universidad.

Gravity, además de ser espectáculo visual, utiliza con sentido las tres dimensiones y transmite fascinación con algo tan exótico como dos astronautas flotando en el espacio e intentando sobrevivir. Le tengo mucho cariño a la familia de escritores de Un invierno en la playa. Me sigue impresionando la sensibilidad y la narrativa de La vida de Adèle después de cuatro visionados. Me intriga y me emociona la retorcida, trágica y admirable La mejor oferta. Hay magia de primera clase en La gran belleza.

Me divertí mucho durante la brillante hora inicial de Las brujas de Zugarramurdi y moderadamente en La gran familia española. Me pareció bonita y tierna Vivir es fácil con los ojos cerrados. Son cuantiosas las películas con las que no he tenido la sensación de perder el tiempo. No ha sido un mal año de cine. Aunque los notarios y los profetas sigan con la perorata de que este se muere.

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