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crítica de 'futbolín'

Balón de síntesis

Esta película es algo difícil de encontrar en el panorama actual de la animación: un filme que no aspira a parecerse a Pixar

El protagonista, con los jugadores del futbolín.
El protagonista, con los jugadores del futbolín.

Entre los diversos fenómenos asociados a la vigente edad de oro del cine animado, hay uno que plantea un estimulante problema crítico: la ocasional incursión de cineastas de imagen real en las claves de ese lenguaje. ¿Cómo hay que valorar, por ejemplo, una película como El fantástico señor Fox, de Wes Anderson? ¿Es preciso verla como una obra más del autor de Los Tenenbaums o, mejor, como un trabajo de encargo del equipo de animadores que se puso a su servicio? ¿Acaso El fantástico Mr. Fox no es puro Anderson? Quizá en Futbolín no sea tan inmediato el reconocimiento de la identidad autoral de Juan José Campanella tras el ambicioso y más que competente proyecto animado, pero lo que sí se palpa desde la primera imagen es su, por llamarla de alguna manera, orgullosa argentinidad.

FUTBOLÍN

Dirección: Juan José Campanella.

Animación.

Género: aventuras. España-Argentina, 2013.

Duración: 106 minutos.

Oda a la belleza de las derrotas épicas frente a la inmaterialidad de las victorias galácticas (o sobrehumanas), Futbolín es algo realmente difícil de encontrar en el fértil panorama de la animación contemporánea: una película popular que no aspira a parecerse e imitar (mal) al modelo Pixar, sino que busca su propia identidad tanto en su diseño de producción como en las caracterizaciones de sus personajes. El juego con los cambios de escala en el clímax final, la partida de futbolín que abre la película —y que casi hace por el futbolín lo que El color del dinero hizo por el billar— y el lenguaje corporal de los jugadores de juguete elevan la propuesta: no es animación digna; es buena animación.