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Las letras también son un negocio

La FIL es un espacio de encuentro entre profesionales y lectores donde se crean acuerdos por más de 40 millones de dólares

Uno de los expositores de la FIL 2013.
Uno de los expositores de la FIL 2013. AFP

La FIL de Guadalajara 2013 dura nueve días pero hay tres de ellos en los que los que editores, agentes, bibliotecarios y representantes abarrotan sus pasillos y se mueven de un lado a otro de la feria, repartiendo tarjetas y teniendo reuniones al ritmo que les marcan sus agendas. De los contactos y encuentros de esta feria, especialmente de los tres días exclusivos para profesionales, salen muchos acuerdos que marcarán buena parte de los catálogos de las editoriales de los próximos años.

El eslogan de que la FIL es “la mayor feria del libro en español” no solo se cimienta en el número de asistentes - casi 751.000 esta edición, 50.000 más que el año pasado - o en su programa cultural - que este año ha incluido la presencia de tres premios Nobel - sino también en dinero contante y sonante. Para empezar, por los fondos que maneja: 73 millones de pesos (5,5 millones de dólares) de presupuesto y unos ingresos aproximados de 80 millones. En una rueda de prensa en la que ha hecho balance de esta edición, Raúl Padilla - presidente de la Feria, ha anunciado que se cierran en los expositores y profesionales se estiman este año en 41 millones de dólares frente a los 33 millones de la edición de 2012. “Hay tres partes fundamentales del negocio: por un lado, la venta de libros directos al público, que supone un 40% aproximadamente. Por otro, la venta al por mayor a distribuidoras, librerías o bibliotecas, que está entre el 50% y el 60% del total. Y, por último, la venta directa de derechos, que es poco más del 10%”, explica Verónica Mendoza, coordinadora de Expositores y Profesionales de la FIL.

Esta es una feria híbrida desde el punto de vista económico. Si la de Frankfurt es el encuentro más importante para la compra-venta de derechos y las citas como Argentina, Chile y Madrid están principalmente dirigidas al público, en Guadalajara los ingresos vienen por ambas vías. “En nuestro caso, lo más importante es el contacto con el público, tomar el pulso a lo que les interesa. También la venta directa, porque en una semana de FIL vendemos como en un mes en todas las librerías de México”, explica Eduardo Rabasa. Junto a su hermano Diego, está al frente de la editorial y distribuidora Sexto Piso, con la que se han convertido en uno de los principales exponentes de la edición independiente mexicana.

Este año han triplicado el tamaño de su estand respecto a 2012: de 36 metros cuadrados a 120. Nada que ver con la primera vez que visitaron la feria, hace 10 años, cuando compartían espacio con “una empresa que hacía vídeos religiosos protagonizados por el angelito querubín”, recuerda Rabasa. “ Puesto que hacemos muchas traducciones, la mayoría de los acuerdos de compra de derechos los hacemos en Frankfurt”, explica.

El porcentaje de negocios de venta de derechos es todavía menor de lo que los organizadores querrían. “Desde hace unos años lo estamos impulsando a través de nuestro Salón de Derechos pero aún ronda el 10% de los negocios”, reconoce Mendoza. Eso no significa que no haya agentes en busca de joyas por traducir o editoriales intentando fichar nuevos talentos.

Hace cinco años que Anne-Solange Noble no viajaba a Guadalajara pero esta editora del prestigioso sello francés Gallimard - casa editorial de autores como Albert Camus y Antoine de Saint-Exupéry - ha regresado este año a la cita porque es la que más profesionales de países hispanohablantes aglutina. “La FIL no es una feria de contratos, sino de contactos”, explica. “Nos reunimos con editores, hacemos el contacto, les hablamos de nuestros libros y, de vuelta a París, enviamos los textos a aquellos interesados esperando que se decidan a publicar la traducción”.

Guadalajara se convierte en un cruce de caminos entre el Europa y América, entre el norte y el sur, entre los anglófonos y los hispanohablantes. Muchos editores europeos solo coinciden con otros americanos durante la FIL. “Nuestro objetivo es desarrollar las relaciones de Gallimard con el mundo editorial hispánico, especialmente con México y Argentina - también con Brasil - y promover las traducciones de nuestros autores franceses. También entender mejor el mercado latinoamericano”, explica Noble. Mientras que ella intentaba vender derechos de sus autores, otro de sus colegas trabajaba para comprar otros a editoriales no francófonas.

Aunque la lengua española sea la más representada, no es la única que se ha hablado en los pasillos. Muy al contrario: los más de 20.000 profesionales que han visitado la feria provenían de 43 países distintos, que incluyen lugares como India, China y Corea del Sur. Este año, además, se ha escuchado mucho hebrero, puesto que Israel ha sido el país invitado.