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crítica de 'la huida'

Blancura teñida de rojo

La iconografía de la nieve que rodea casas y carreteras, bosques y vidas, nunca es casual, y menos en el 'thriller'

Eric Bana, en 'La huida'.
Eric Bana, en 'La huida'.

La iconografía de la nieve que rodea casas y carreteras, bosques y vidas, nunca es casual. Sobre todo cuando está asociada al thriller. La nieve implica aislamiento, podredumbre moral interior en medio de la blancura exterior, campo de batalla donde desarrollar el instinto de supervivencia, aun a costa de teñir de rojo otros devenires. El austriaco Stefan Ruzowiztky lo sabe bien, y aprovecha su simbolismo en La huida, su primer trabajo en Estados Unidos tras una extrañísima carrera donde se unen banal comercialidad y extrema autoría, para conformar un relato criminal irregular en casi todos los aspectos (principalmente en el de guión y el interpretativo), pero que se sostiene medianamente por esa atmósfera, entre culpable y purificadora, que siempre exuda la nieve.

LA HUIDA

Dirección: Stefan Ruzowitzky.

Intérpretes: Eric Bana, Olivia Wilde, Charlie Hunnam, Sissy Spacek, Kate Mara.

Género: thriller. EE UU, 2012.

Duración: 95 minutos.

La huida, título español del original Deadfall, y que nada tiene que ver con la homónima película de Sam Peckinpah (salvo, casualidad, que ambas comiencen con sendos planos de ciervos), aglutina una serie de personajes a la deriva necesitados de una redención que, tras variados giros del destino, y demasiados trucos de magia de escritura que abusan del recurso al azar, llega en forma de asedio final en el salón de una casa que parece alojar la inocencia en la mirada de una madre. Y allí desembocan buena parte de las virtudes y los defectos de la película: desde las limitaciones interpretativas de Olivia Wilde y Eric Bana (él es un héroe, y el lado oscuro le cuesta), hasta la poderosa presencia de Sissy Spacek, y la muy seca y contundente puesta en escena de Ruzowiztky.