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BICENTENARIO DE VERDI / El montaje

Línea directa con la emoción

Riccardo Muti es el transmisor ideal de las esencias humanistas del genio de la ópera italiana

El barítono George Petean, en 'Simon Boccanegra', en la Ópera de Roma.
El barítono George Petean, en 'Simon Boccanegra', en la Ópera de Roma.

Lo ha dicho con claridad en su libro Verdi, el italiano: “¡Verdi es el músico de la Vida y desde luego es el músico de mi vida!”. El director musical Riccardo Muti se ha entregado en cuerpo y alma al compositor teatral de las emociones, al que narra vocalmente las penas y alegrías del ser humano, su dolor y sus dudas, sus conflictos interiores y sus amores turbulentos. La dedicación preferente del maestro napolitano se reparte en la actualidad entre Roma, donde es director honorario de por vida en el teatro de ópera de la plaza Beniamino Gigli, y Chicago, donde es director titular de la carismática Sinfónica de Chicago. Le queda tiempo aún para preparar y disfrutar con la orquesta juvenil Cherubini de Ravenna, en un repertorio mayoritariamente italiano anterior a Verdi, y para dar alguna lección magistral en universidades de prestigio. En la que brindó en la Universidad de Deusto en Bilbao el pasado mayo para apoyar el proyecto Tutto Verdi de la ABAO dirigió al público de forma improvisada ‘Va, pensiero’ de Nabucco a modo de despedida. Inolvidable.

Verdi es el músico de la Vida y desde luego es el músico de mi vida!

Como inolvidables están siendo las óperas de Verdi que está dirigiendo en la Ópera de Roma los últimos años, desde Simon Boccanegra a I due Foscari, desde Attila a Nabucco, desde Macbeth a Otello. En noviembre abrirá la próxima temporada con Ernani, dirigida escénicamente por Hugo de Ana, y en mayo ira de gira a Tokio con las versiones escenificadas romanas de Simon Boccanegra y Nabucco, la primera con escenografía de Dante Ferretti, muy vinculado al mundo del cine, la segunda en el montaje escénico de Jean-Paul Scarpitta. La orquesta y el coro de la Ópera de Roma se han transfigurado a sus órdenes, como demostraron el pasado agosto en el Festival de Salzburgo, y Muti sabe elegir los repartos vocales con tanta precisión como instinto. Lo fundamental, en cualquier caso, es el sello humanista, cercano, emocional, que da a sus lecturas. Confieso que me ha hecho llorar en más de una ocasión y no me avergüenzo de ello. Al contrario. Los años de La Scala de Milán han quedado atrás. Roma ha sabido recoger el testigo de una trayectoria milanesa en la que brillaron con luz propia Falstaff, Don Carlo, Il trovatore o La traviata. Pero eso es historia. Roma es ahora la capital verdiana de Italia.

Y ¿qué papel juega Chicago en este renacimiento verdiano? Cuando Muti asumió la titularidad de la orquesta seguramente de más calidad en Estados Unidos lo primero que hizo fue una grabación del Réquiem de Verdi. Llegaron los Grammy y todo tipo de reconocimientos. El salto de Filadelfia, donde trabajó muchos años al frente de su orquesta, a Chicago no podía ser más esperanzador. El próximo 10 de octubre, día del 200º aniversario del nacimiento de Verdi, volverá a dirigir la Sinfónica de Chicago en el Réquiem del compositor de Busseto, televisándose a todo el mundo en directo y de forma gratuita por streaming.

Y es que al igual que Verdi es mucho Verdi, Muti es mucho Muti. Por eso les admiramos tanto. Juntos y por separado.

 

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