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Ang Lee: el autor imprevisible

Un recorrido por la filmografía del director taiwanés, responsable de las oscarizadas 'La vida de Pi' y 'Brokeback Mountain'

Desde que se dio a conocer internacionalmente en 1993 con su segundo largometraje, El banquete de bodas, el realizador taiwanés Ang Lee no ha dejado de sorprender a los espectadores de todo el mundo. Retrató las peculiaridades de la sociedad de su país natal y sus conflictos intergeneracionales en Comer, beber, amar; viajó a la Inglaterra decimonónica en Sentido y Sensibilidad y a la Norteamérica de los años 70, sacudida por las mentiras del caso Watergate, en La tormenta de hielo. Ha filmado películas basadas en personajes del mundo del comic, como Hulk, y otras que están impregnadas de filosofía oriental y artes marciales, como Tigre y dragón. Y prácticamente siempre ha salido airoso de todos estos empeños, recogiendo elogios por parte de público y crítica y ganando numerosos premios, entre ellos dos Oscar como mejor director.

TCM Autor dedica la tarde de mañana sábado a este realizador con la emisión de Cabalga con el diablo, Tigre y dragón y de una nueva entrega de la serie de entrevistas Una vida en imágenes, que produce la Academia Británica del cine y la televisión (BAFTA), y que en esta ocasión está dedicada a analizar en profundidad su vida y su carrera.

A lo largo del encuentro, que modera y presenta la periodista Francine Stock, Ang Lee va repasando su ya dilatada trayectoria. Nació en Pingtung, Taiwán, en 1954. En la charla recuerda las discusiones que tuvo con su padre cuando éste supo que quería dedicarse al mundo del cine y del teatro; también los problemas con los que se topó para financiar en 1992 su primer film, titulado Manos que empujan, y el gran éxito internacional que ha obtenido con su último estreno: La vida de Pi.

Con 24 años Ang Lee viajó a Estados Unidos para estudiar en la Universidad de Illinois. Más tarde se matriculó en cine en la Universidad de Nueva York, donde fue compañero de clase de Spike Lee. Después de pasar seis años escribiendo guiones sin ningún éxito, regresó a su Taiwán natal donde pudo comenzar su carrera cinematográfica gracias a que obtuvo el primer y el segundo premio en un concurso para cineastas organizado por el gobierno de su país.

Respondiendo a las preguntas de la entrevistadora, Ang Lee afirma que cuando prepara y rueda cada una de sus películas siente que está “poseído”, totalmente absorbido por el proyecto. “No tengo la sensación de dirigir sino de estar siendo dirigido”, llega a decir. Sobre la diversidad de su filmografía explica que esto se debe a que siempre pretende encontrar historias en las que crea profundamente. “Quiero hacer películas que me conmuevan, que capten mi curiosidad”, explica.

Pero por muy diversos que parezcan sus largometrajes, hay algo común en todos ellos. Por una parte nos encontramos con una cierta melancolía que envuelve a la mayoría de sus personajes; también un destino trágico que les persigue y que solo a veces consiguen esquivar y, sobre todo, una profunda espiritualidad que está presente, en mayor o menor medida, en cada una de sus historias. Quizá ahí radique el secreto de que, después de más de veinte años de carrera, Ang Lee siga siendo uno de los directores más interesantes del panorama cinematográfico, el que siempre asombra a los espectadores.