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72ª feria del libro de madrid

Últimos silencios inéditos de Rosa Chacel

Un libro recupera ensayos inéditos de la autora de ‘Barrio de Maravillas’ y las cartas en las que animó y sermoneó a Javier Marías al comienzo de su carrera

Ilustración de la escritora Rosa Chacel.
Ilustración de la escritora Rosa Chacel.

En música, Rosa Chacel sería un grupo de culto. Alguien a quien todo el mundo conoce, pero pocos han leído. Pagó el precio por sus prolongados exilios (uno, voluntario, en Roma, y otro, forzado por la guerra, en Brasil), su tendencia a la introspección, su prosa intelectual, acaso por el tono de suficiencia —en 1994 escribió: “He de señalar que tuve siempre la seguridad de que llegaría a todo lo que consideraba lejos”— en el que en ocasiones se envolvía. Ella, a juicio de Andrés Trapiello, encarna a la perfección aquello que vislumbró Cervantes: “En España se premia en primer lugar el favor, y en segundo, el mérito”. Porque Chacel (Valladolid, 1898-Madrid, 1994), que en los últimos años recibió algunos homenajes y pocos premios (Nacional de las Letras, Crítica, entre otros), está considerada por algunos críticos como “una de las cumbres de la literatura española del siglo pasado” (Rafael Conte) gracias a títulos como Estación de ida y vuelta, Barrio de Maravillas o Memorias de Leticia Valle.

El volumen recurre a un título que un editor desdeñó en el pasado

Ana Rodríguez Fischer, que se doctoró con una tesis sobre su narrativa y que ha prologado y editado diversos libros sobre la autora, observa una dualidad. “Ha tenido el aprecio y la admiración de escritores de gran altura como Ana María Moix, Juan Benet, Pere Gimferrer, Clara Janés o Javier Marías, pero no ha llegado suficientemente al público porque se considera que su literatura es muy exigente, a pesar de que hay novelas asequibles”. Cita Teresa, la biografía novelada sobre la amante de Espronceda, Teresa Mancha, el único libro de Chacel reeditado en España durante la dictadura (1963). “Es una novela tremenda y espléndida, mucho más convencional que otras obras, pero se desconoce”, agrega. “Le ha perjudicado cierta imagen de escritora intelectual”, concede su hijo, Carlos Pérez Chacel, que no obstante puntualiza: “Sus novelas no son Harry Potter, es más bien una literatura elitista para aquellos interesados en la profesión de escritor”.

Ha sido Rodríguez Fischer la responsable de seleccionar la veintena de textos incluidos en Astillas, el libro que acaba de editar la Fundación Banco Santander en su colección de Obra Fundamental a partir de material inédito que se había escapado de la recopilación realizada para fijar su Obra completa (Fundación Jorge Guillén, 2004). El último silencio de Rosa Chacel que aún no se había roto. Ya no habra más. “Ya no queda nada inédito. Solamente una parte epistolar sin trascendencia porque es de ámbito familiar”, puntualiza su hijo.

Su hijo cree que su imagen de escritora intelectual le ha restado popularidad

El título, Astillas, es un guiño de complicidad con la escritora, que lo había propuesto para un libro anterior y que su editor había ignorado. “Decidí recuperarlo para este volumen, pero no quiero que dé la idea de que son virutas o sobras porque no es así”, expone Rodríguez Fischer.

Las astillas dejan ver el tronco más de lo que podría barruntarse. Está Timoteo Pérez Rubio, el pintor que pasó a la historia por salvar la pintura (fue el gran artífice de la operación para exiliar los cuadros del Prado durante la Guerra Civil), el artista que dejó de explorar el camino del arte para que el arte le pagase el camino de la vida, el compañero de la Escuela de Bellas Artes de Madrid con quien se casó y se mudó a Roma, la pareja con quien compartió durante casi seis décadas las convulsiones del siglo XX y sus azares (la pérdida del retrato de la escritora que un amigo les devolvió años después al descubrir que estaba a la venta en el Rastro). Pérez Rubio murió a los 82, en su casa de desterrado en Rio de Janeiro. “No es cosa de pensar en lo que todavía podía haber hecho, sino de no admitir que haya sido privado de seguir... porque vivir es, ante todo, seguir”, escribe en un texto inédito redactado para la presentación de la biografía que le dedicó, Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardín (Cátedra, 1980).

“El exilio fue tremendo”, indica el único hijo de ambos. “Para un ciudadano común, el concepto es menos terrible que para un profesional de la cultura, que sufre consecuencias muy desfavorables por el hecho de estar desarraigado”. Y añade: “Pero no se podía optar, era impensable volver a la España de Franco”.

La pérdida de su marido fue una fractura. Dejó de escribir durante años hasta que se embarcó en su biografía y retomó la normalidad creadora. En uno de los pocos textos de aquellos años traumáticos, Mi religiosidad, que ahora sale a la luz en Astillas, recuerda una anécdota que tal vez ilumine con humor su posición. Un joven húngaro que hablaba español le preguntó una vez:

—¿Usted está muy religiosa?

—Yo soy muy religiosa, pero no siempre estoy.

Por Astillas desfilan también el poeta Luis Cernuda (“la inmortalidad es la deidad a la que ofrenda su vida”), los pintores del Prado (“la rebeldía en Goya es el ciento por ciento de su gloria”) y Jean Cocteau.

La inmortalidad es la deidad a la que Luis Cernuda ofrenda su vida

El volumen se cierra con cuatro cartas que Rosa Chacel escribió desde el exilio a Javier Marías en el comienzo de su carrera literaria. Chacel, amiga de la familia, sermonea, aconseja y alienta al joven Marías con “el tono de una abuela gruñona”. “Si el libro no demostrase, a todas luces, que eres un escritor, no te sermonearía, pero como lo eres indiscutiblemente, no me canso de sermonearte”, escribe en una misiva de febrero de 1973.

Tres meses después, desde Rio, Chacel se disculpa por su demorada respuesta: “La causa —la causa es lo que no te puedo explicar— es la misma que hace varios meses me impide trabajar y, si no enteramente vivir, me tiene reducida a un embrutecimiento de marmota”. Y, tal vez ante la inseguridad o preocupación de Marías por su escasa experiencia, que considera un atributo imprescindible para un buen escritor, la autora de Memorias de Leticia Valle le tranquiliza: “Figúrate, allá en el Paleolítico, cuando yo tenía 15, si habré oído hablar de la necesidad de experiencia, tal como la concebían entonces: frecuentación del gran mundo... A los 15 años me asustaba ese fantasma, a los 20 lo mandé al diablo”.

Apuntes biográficos

Rosa Chacel nació el 3 de junio de 1898en Valladolid. Su madre la educó en casa hasta los nueve años. Era una niña solitaria e instruida.

En Madrid hizo amigos y a los 17 ingresó en la Escuela de Bellas Artes, donde conoció a su marido, Timoteo Pérez Rubio. Frecuentó el Casón y el Ateneo hasta que se fueron a Roma.

Tras la guerra se exiliaron. Chacel volvió a residir en España en 1984. Se la incluye en la Generación del 27, aunque ella siempre fue por libre. Tuvo dos guías iniciales: Joyce y Proust.

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