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¡Esto es todo, amigos!

El actor se despidió hace unos meses de su vida profesional con su habitual sentido del humor

Romero y Alicia Moreno en la presentación de 'Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny'.
Romero y Alicia Moreno en la presentación de 'Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny'.

El actor y director Emilio Gutiérrez Caba, con quien Romero trabajó en A Electra le sienta bien el luto, de Eugene O’Neill y Orestiada, de Esquilo, recuerda que le conoció en los años ochenta: “Yo trabajaba en Radio Barcelona en un programa que se llamaba El espacio vacío, con Mercedes Sampietro, y Constantino venía a continuación de nosotros al mismo estudio y ahí surgió una amistad”, señala el veterano actor quien dice que nunca se perdía el trabajo de Romero en los diferentes montajes teatrales en los que le vio a lo largo de años.

“Le encantaba hacer teatro, y sobre todo salir al escenario; era de sus máximos goces y lo hacía con una afición absoluta, como si empezase el teatro cada día, le entusiasmaba participar en la ceremonia del teatro, era de lo que más le gustaba en su vida, aunque tuviera otros oficios como el de doblador o periodista, lo del teatro era lo máximo para él”, y añade, “era un hombre muy independiente al que le gustaba comer, y viajar pero pateándose cada sitio, le consideraba bon vivant en el mejor sentido de la palabra”, dice Gutiérrez Caba quien asegura que nunca olvidará sus largas conversaciones con Romero en el peristilo del Teatro Romano de Mérida: “Eran fantásticas, en aquellas noches veraniegas de Mérida poder hablar con él”.

José María Flotats, el último director con el que trabajó Romero, en la puesta en escena de Beaumarchais, destacó del actor desaparecido su altísima calidad humana: “Era una persona muy querida, fiel y amigo de sus amigos, de ahí que aunque es una gran pérdida para la profesión lo que verdaderamente nos duele es el perder a ese ser humano, por la calidad que tenía, era de los buenos hombres y además de los leídos”, señala el director quien intentó que Romero repitiera con él en la puesta en escena de La mecedora, de Brisville, trabajo que Romero declinó hacer, porque tenía dudas de poder afrontarlo con la perfección que siempre se exigía.

La actriz Viky Peña, que trabajó con él en varios montajes, recuerda el debut profesional de Romero, con la obra de Brecht/Weill: “Tuvo el gran valor, y lo hizo muy bien, de lanzarse con un papel protagonista, cantando y en catalán, lengua en la que nunca había trabajado”, señala la actriz, quien destaca del actor desaparecido que era un gran amigo de sus amigos: “Constantino fue un gran vividor de la vida, desparramaba cariño, amor, risas y sobre todo inteligencia, porque era profundamente inteligente; le gustaba compartir todo, hacer el camino acompañado, siempre estaba rodeado de gente que le quería y era una persona muy generosa”, comenta su compañera de reparto en trabajos como La Orestiada, Sweeney Todd y A Little Night Music. “Como compañero era muy riguroso y muy serio, porque le preocupaba profundamente hacer todo con toda la intensidad de la que fuera capaz y era muy entrañable, como con esa potencia de voz y ese pedazo de humanidad, en todos los sentidos, yo le sentía temblando como una hoja en algunos momentos, a pesar de su gran seguridad cara afuera, pero era el temblor de la responsabilidad y querer hacer las cosas bien”.

Hace seis meses, cuando anunció su jubilación, se despidió de "toda una vida" de trabajo con un abrazo y un guiño propio de su habitual sentido del humor: That's all folks! (¡Esto es todo amigos!)

Por su parte, el actor Joan Pera recordó que Romero se distinguía por facilitar las cosas a los demás y lograr que a su alrededor todo resultara alegre. Pera, actor de doblaje que ha puesto las voces de Woody Allen y Rowan Atkinson, elogió la vitalidad de su amigo Tino, alguien a quien nunca vio enfadarse. Como doblador, Romero ha sido la voz de grandes actores como Clint Eastwood, Roger Moore o Donald Sutherland.

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