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El fin del mundo

Cineastas españoles avezados en informática realizan películas sobre el fin con empaque

Dibuja Forges a dos hombres apesadumbrados. Uno de ellos, sin levantar la mirada del suelo, dice: “Tengo la sensación de que no solo estamos en la III Guerra Mundial, sino que, además, la estamos perdiendo”. Es una viñeta desoladora. La sensación de que esto se está acabando es ya amplia. Hace unos meses vimos Los días no vividos, Fin, Tres días… en las que el fin del mundo es inminente. Alguna catástrofe incomprensible y angustiosa hace que desaparezcamos de la faz de la Tierra aunque, como sugiere Los últimos días, dejamos nuestro lugar a una generación joven aún no contaminada.

Es cierto que no se trata solo de una moda de cierto cine español. 2012, Soy leyenda, Melancolía, Oblivion son títulos foráneos recientes, y hace años, en tiempos de la guerra fría, en el cine de ciencia ficción la amenaza del fin del mundo era habitual. En España no proliferó entonces el género, aunque hubo títulos aislados que pretendían imitar los modos de Hollywood, algo que fallaba por mor de la escasez del presupuesto. Ahora, cineastas jóvenes avezados en programas informáticos realizan películas sobre el fin de nuestra forma de vida con un empaque visual respetable. Se acaba nuestro mundo de forma violenta, dicen… pero antes se acabará el propio cine español, como augura el actor Tristán Ulloa en una frase que se lee en los medios sociales: “Al paso que vamos los Goya se convertirán en entregar un premio a quien consiguió hacer una película”. Se acaba nuestro cine, y además perdemos la guerra, como se dice en la amarga viñeta de Forges. Todo un panorama.

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