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Javier Bardem: “Al Gobierno le viene bien tanto paro”

El actor español encarna a Silva, un villano memorable y de extraño peinado, en la última entrega de las aventuras de James Bond, 'Skyfall'

Todos los villanos tienen su talón de Aquiles. En el caso de Javier Bardem (Las Palmas, 1969), sus villanos acarrean con unos peinados que rozan el epítome del delirio. Si el pelo de su Anton Chigurh (No es país para viejos) cosechó todo tipo de calificativos, la extraña melena rubia de su Silva —el tipo que mete miedo en el cuerpo a James Bond en Skyfall— parece nacer de la mezcla entre el amor a la oxigenación de otro villano bond, Max Zorin (Christopher Walken en Panorama para matar), con un mal despertar de Pepe Rubio cuando era joven. ¿Va a acabar Bardem con su catálogo de rimbombantes peinados? “Estooo, habrá que ver The counselor, de Ridley Scott [el último proyecto del actor español], porque he hecho algo... En realidad, creo que la fisonomía dice mucho de nosotros. Y para mí es básico ver cómo se percibe desde fuera cada personaje o cómo quiere ser él percibido por los demás. Pero es fundamental que ese aspecto tenga su sentido dramático”.

Pregunta. Silva es el primer malvado masculino que tontea sexualmente con Bond y encima recibe una respuesta poco sutil.

Respuesta. Abriendo mercados [bromea y ríe]. Estaba en el guion, y escrito parecía valiente por lo novedoso. Mendes lo explica mejor: Silva no está casado con nada ni con nadie. Huye de etiquetas y prejuicios. Solo está atado a su dolor y a su rabia. Ese diálogo es como un color del personaje, pero hay que tener en cuenta todo el cuadro. Claro que, como bromea Mendes, vive en una isla desierta... \[risas\].

P. ¿Los malvados son más placenteros de interpretar?

R. No creas. El de No es país para viejos me fue muy difícil porque llegar a su absoluta ausencia de humanismo me costó mucho: no es un ser humano, es el símbolo de la violencia. ¿Cómo se interpreta una idea? Y encima yo filmaba aislado, sin saber cómo iba el resto de la película. En Skyfall, Silva tiene más matices, más colores. Es más fácil porque es más humano, con su complejo de Edipo.

P. No es la primera vez que le tantean desde la saga.

R. Sí, pero esta vez el guion tenía chicha. Daniel Craig me dijo, con la aquiescencia de Sam Mendes, si me interesaría hacer de villano. Meses después llegó el guion y me gustó.

P. Tiene fama en España de actor que da mucho la tabarra con preguntas a los directores. ¿Lo hace en rodajes internacionales?

R. Más aún. Porque además tengo el problema del idioma. En este rodaje todos encima eran actores británicos de dicción exquisita. A todos les voy con mis cosas... Hasta a Terrence Malick, aunque no hubiera guion, le pedí coordenadas. A Sam le encanta ese proceso, un proceso en el que peleo por mi seguridad.

P. Es un villano muy alejado de tiempos actuales.

R. Esto es ficción, los villanos hoy son otros. En este país y fuera. Si entramos en la situación de este país, tenemos que tener los rostros de los desahuciados. Los lunes al sol es aún más de actualidad hoy porque ahora se están recortando a lo bestia las políticas sociales, que han costado tantas energías y sacrificios: la educación, la sanidad, el acceso a la cultura... Entre un techo y la cultura, obviamente el techo, pero el arte también es importante, porque ayuda a formar una opinión. Vivimos un drama humanitario, superamos el 25% del paro. Este Gobierno tiene una absoluta falta de compromiso con el sistema público y social. El movimiento social actual ha demostrado su dignidad y claridad de ideas, y miles de personas lo apoyan pacíficamente. Pero es que al Gobierno ese eco social le da igual. Y le viene bien tanto paro para que las condiciones laborales sean terribles. Este Gobierno quiere aliviar la deuda de este país con los lápices y los cuadernos de los colegios. Y salvar a los bancos en vez de ayudar a los hipotecados, dar una vivienda digna. Quiero incidir en que esto no va de colores de partidos, sino de sensibilidad. Los problemas humanitarios están ligados a la falta absoluta de sensibilidad de quienes los crean. Y quienes están tomando hoy las decisiones están alejados de la realidad.

P. ¿Se plantea dirigir?

R. A veces me da la cosilla, pienso en juntarnos cuatro... Pero no me veo capaz de hacerme con el control de llevar una película. Aunque sí, el gusanillo está ahí.

P. Con un hijo en casa, ¿no piensa hacer una película infantil o al menos que pueda ver él?

R. Pues sí. Pero, ¿cuál? [risas]. Todos los actores se lo plantean tras ser padre. Y algunos, como Johnny Depp, han hecho carrera de ello.

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