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Rivera Ordóñez confirma su retirada de los ruedos tras 18 años en activo

El torero zanja la cuestión a la salida de su faena en la Feria del Pilar con un lacónico: "Si Dios quiere, sí"

El anuncio se produce una semana después de que su hermano, el también matador de toros Cayetano, confirmara un parón temporal en la profesión

Tomó la alternativa el 23 de abril de 1995 en la Real Maestranza de Sevilla

Francisco Rivera Ordóñez con su primer toro en la Feria de la Virgen Blanca, en Vitoria, el pasado agosto.
Francisco Rivera Ordóñez con su primer toro en la Feria de la Virgen Blanca, en Vitoria, el pasado agosto.

El matador de toros Francisco Rivera Ordóñez Paquirri (Madrid 1974) ha confirmado a Efe su decisión de retirarse del toreo tras 18 años en activo, aunque no ha llevado a cabo el corte simbólico de coleta que se esperaba al finalizar la corrida celebrada hoy en la feria del Pilar de Zaragoza. Según salía de la plaza, y a la pregunta de si esta tarde en Zaragoza había toreado su última corrida en activo, Ordóñez contestó con un lacónico: "Si Dios quiere, sí".

Los rumores eran intensos desde la noche del viernes cuando su apoderado, Manolo González, comunicó que era él el que ponía fin a su labor de representación del torero. Aunque el diestro ha guardado silencio durante toda la jornada del sábado, el murmullo ha corrido como la pólvora por todos los mentideros taurinos; a ello contribuyeron dos gestos ocurridos en la última corrida: El Cid, compañero de terna, brindó su primer toro a Paquirri, y este hizo lo propio con su hija Cayetana en el último toro de su carrera. La actuación del torero no resultó brillante por el mal juego de su lote, pero toda la atención de los tendidos y del taurinismo estuvo pendiente de que Rivera Ordóñez hiciera oficial la noticia que todos daban por confirmada.

La retirada del torero se produce seis días después de que lo hiciera su hermano Cayetano, que el pasado domingo colgó el traje de luces para dedicarse a otros proyectos.

Con la marcha de Francisco Rivera se produce la desaparición de los ruedos del torero más mediático de los últimos años. Hijo de Francisco Rivera Paquirri, corneado mortalmente por un toro en Pozoblanco en 1984, y de la también fallecida Carmen Ordóñez; nieto del mítico torero Antonio Ordóñez, y sobrino nieto de Luis Miguel Dominguín, alcanzó una merecida notoriedad como diestro poderoso en los primeros años de alternativa, que fue menguando con el paso del tiempo en beneficio del personaje del ‘corazón’.

Debutó con picadores en Ronda el 21 de mayo de 1992, y el 23 de abril de 1995 tomó la alternativa en la Feria de Abril de manos de Espartaco y con Jesulín como testigo. Aquella actuación fue un verdadero aldabonazo al taurinismo imperante, pues no solo alcanzó un triunfo clamoroso, sino que dejó claro que venía dispuesto a remover el escalafón con un toreo rebosante de poderío, técnica y variedad. Y esa fue su tónica en las temporadas siguientes, en las que consiguió alzarse con la condición de figura. Las plazas más importantes y exigentes fueron testigos de su capacidad para poderle a los toros y su entrega para no dejarse ganar la pelea. Francisco Rivera demostró que era un digno representante de la sangre torera que corre por sus venas. Eran los tiempos felices en los que lo apoderaron, primero, su abuelo, Antonio Ordóñez, y, después, el prestigioso taurino Manuel Flores Camará, que dirigió su carrera desde el año 1993 hasta 2001.

Pero los años no pasan en balde. La primera década del siglo XXI ha marcado la cuesta abajo de una carrera que se presumía en alza durante mucho tiempo. Por ser hijo de quien fue, por su matrimonio frustrado con la hija de la Duquesa de Alba, sus campañas publicitarias y sus frecuentes cambios de pareja se ha convertido en uno de los personajes más apetecidos por la llamada prensa del corazón. Esta faceta ha ido ganando terreno en la presencia pública del torero al tiempo que menguaba su prestigio como figura del toreo. De hecho, Rivera Ordóñez, quien desde hace poco tiempo se anuncia en los carteles con el apelativo de su padre, Paquirri, ha perdido vitola en los ruedos, ha rechazado los grandes compromisos, y se ha refugiado en carteles mediáticos que le han permitido seguir en activo sin excesiva exigencia.

De hecho, hace bien Paquirri es vestirse de calle y disfrutar de un merecido descanso. Su retirada permitirá que otros toreros más jóvenes accedan a puestos en corridas que él ocupaba solo por su atractivo popular.

En el año 2008 fue galardonado por el Ministerio de Cultura con la Medalla de Bellas Artes, lo que provocó una encendida polémica entre partidarios y detractores de tal concesión, y desde la muerte de su abuelo es el empresario de la plaza de Ronda y organizador de la tradicional corrida goyesca de esta ciudad malagueña.