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69ª mostra de venecia

Otro tropezón de Brian de Palma

Aplausos, abucheos y desconcierto en la presentación de 'Passion', la última película del realizador estadounidense

Brian de Palma junto a una de las protagonistas de 'Passion', Noomi Rapace
Brian de Palma junto a una de las protagonistas de 'Passion', Noomi Rapace REUTERS

Descubrir ahora los méritos de Brian de Palma (Nueva Jersey, 1940) sería un sacrilegio para cualquier cinéfilo. El aclamado director de El precio del poder, Vestida para matar, Impacto, El fantasma del paraíso, Atrapado por su pasado y Los intocables de Eliot Ness ha sido un tótem del cine desde que pasó de la radicalidad de su etapa neoyorquina a los sets de los grandes estudios hollywoodienses. De Palma fue además capaz de crear un sello propio donde el voyeurismo, el sexo, la duplicidad y el onirismo se fusionaban hasta crear una obra que bebía -sobre todo- de las enseñanzas del maestro Alfred Hitchcock. El sesgo comercial de sus películas y el interés de la crítica por su personalidad fílmica, su inteligencia narrativa, su uso de la cámara (más un mirón que un cómplice) y de diversos recursos cinematográficos como la pantalla partida junto con lo -desaforadamente- turbio de sus atmósferas le convirtieron en un referente visual que apasionaba a los amantes de cine de género. Pero además, De Palma fue capaz de moverse a ambos lados de la industria, ya fuera en los circuitos del arte y ensayo o en el de las majors de turno, y de esa combinación nació un tipo valiente, capaz de meterle mano a un filme como El fantasma del paraíso o de adaptar un libro como Carrie.

Sin embargo, y desde el año 2000 (cuando estrenó su infausta Misión a Marte) el otrora excelente realizador se ha convertido en una sombra de sí mismo. Solo así se explica que en los últimos 12 años haya entregado cuatro filmes tan irregulares (por no decir directamente fallidos) como Femme fatale, La dalia negra, la horrorosa Redacted y, la que hoy nos ocupa, Passion.

En esta última al de Nueva Jersey se le va de las manos un relato aparentemente convencional en el que una ejecutiva de cuentas de una agencia publicitaria y su jefa pasaren de tontear con el sexo a hacerse la vida imposible. La película, un remake de un filme francés, Crime d'amour, que se estrenó en 2010 y que protagonizaban Kristin Scott Thomas y Ludivine Sagnier, sustituye París por Berlín y a las mencionadas actrices por las muy de moda Noomi Rapace y Rachel McAdams (salida una del taquillazo Prometheus y la otra de la secuela de Sherlock Holmes). Lamentablemente Rapace no parece exhibir seguridad alguna en su personaje y deambula a lo largo del metraje abusando de la fragilidad del mismo hasta convertirlo en un espantapájaros. A McAdams le va algo mejor en el papel de la mandamás manipuladora que seduciría a un caimán si ello le reportara beneficios. Lo malo es que la tensión debe exudar de dos polos a un tiempo para poder ser calificada como tal y en el filme de De Palma solo McAdams parece estar dispuesta a poner toda la carne en el asador.

Por si esto no fuera poco hándicap a la hora de empaquetar una película que se basa en la relación entre víctima y depredador, el estilo visual del realizador ha pasado de audaz a trasnochado e incluso sus trucos de cámara marca de la casa carecen de efectividad alguna. Y a eso sumamos su abuso del tono alucinatorio (los sueños dentro de sueños), lo ridículo del giro final (hay tantos cabos sueltos que aquello parece un velero navegando sin el palo mayor) y el pobre trabajo musical de su colaborador habitual Pino Donaggio, aquí transmutado en una especie de Bernard Hermann grandilocuente que subraya la trama como si estuviéramos viendo Vértigo, el resultado final es una película pobre, risible en ocasiones (esas peripecias de la sufrida secretaria y su móvil con las que se oyeron algunas carcajadas en el patio de butacas), inconexa y sin alma. Un filme inexplicable para un hombre que ha demostrado sobradamente gozar de un talento singular para la construcción de tramas y un ojo maravilloso para la dirección de actores. Si además tenemos en cuenta que De Palma llevaba desde 2007 sin hacer ninguna película y que su acariciado proyecto con Robert DeNiro para llevar a cabo una precuela de Los intocables se encuentra en el limbo de las películas sin dueño el futuro no parece demasiado prometedor. Pero, cierto es también, que quien tuvo retuvo y el músculo de De Palma sigue ahí, en alguna parte, esperemos que -por su propio bien- lo encuentre lo más pronto posible.