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FASHION WEEK MADRID 2012

Vestidos de domingo

Ana Locking factura su colección más comercial

Ailanto se vuelca en uno de sus puntos fuertes: el diseño y producción de delicados estampados

Uno de los modelos de la colección de Ailanto para la colección primavera verano 2013. Ampliar foto
Uno de los modelos de la colección de Ailanto para la colección primavera verano 2013. EFE

Madrugar el primer domingo de septiembre para acudir a una fría nave industrial de Ifema a contemplar apenas 15 minutos de desfile en directo (cuando uno puedo verlo felizmente desde su cama en streaming) requiere un grado bastante elevado de pasión por la moda (o por los eventos de masas). Pero Ana Locking —a la que le tocó inaugurar esta tercera jornada de la Mercedes Benz Fashion Week— consiguió despertar a las gradas de su letargo con una colección "fresca y práctica". Vestidos de estructura triangular y toda una declinación de rosas que buscaban abiertamente "ser muy comerciales" sin traicionar la filosofía de la marca. Un difícil equilibrio que se plasmaba también en el propio concepto de su propuesta. Bautizada como The talk (La charla) se planteaba como un diálogo estético entre el estilo racional de Jackio O y el poderosamente sensual de Marilyn.

"Las historias que nos montamos entorno a las colecciones están muy bien, pero cuando están colgadas en la percha de una tienda no hay historia que valga, por eso he querido que sean piezas apetecibles y reales. Tengo los pies en la tierra y vivo de vender", explicaba. Entre sus proyectos más importantes para este año está encontrar un showroom potente "en París y Nueva York". También espera que las espardeñas rematadas con cuerda de escalador que ha producido con Castañar le faciliten la entrada en el complejo mercado del calzado. "Necesitas fabricar en cantidad, además de un agente y un distribuidor que lleve tu marca y no encontramos a nadie que lo haga", argumenta.

Los hermanos Iñaki y Aitor Muñoz (Ailanto) también están centrados en la venta. O más, concretamente, en una herramienta para potenciarla: su nueva tienda, abierta hace poco más de un mes en la calle Argensola de Madrid. "Nos dividiremos, Iñaki se quedará en Barcelona [donde viven y trabajan] y yo me vendré a Madrid, porque una boutique como esta necesita que, sobre todo al principio, se controlen los detalles y se le dé vida", explica Aitor. De sus perchas colgará dentro de seis meses la colección que han presentado hoy y en la que se han volcado en aquello que mejor saben hacer: vestidos femeninos y estampados románticos. Para estos últimos, han empleado como referencia la casa construida en Caracas por el arquitecto italiano Gio Ponti. "Pensando en el suelo de las escaleras, por ejemplo, pintamos en pastel cuadros gigantes que reproducían hasta 22 texturas de mármol y que luego escaneamos y llevamos a Italia para producir el tejido", cuenta Iñaki. Sus piezas, no aptas para diabéticos, también se ilustran con pájaros y otros motivos elaborados de la misma y mimada técnica.

Los Ailanto no son los únicos diseñadores del día que apuestan por los estampados propios. Martín Lamothe ha creado –y patentado– ilustraciones inspiradas por la Florencia del Cinquecento, materia prima de una colección que indaga y experimenta con el concepto pictórico de la perspectiva. "Cuando llegó la crisis pensé: ‘para no vender de cualquier forma, por lo menos voy a hacer lo que me apetezca’. Y al final me ha salido bien: mis clientes –que están principalmente en Estados Unidos y Emiratos Árabes– quieren lo más loco y especial que presento cada temporada, porque para piezas ponibles pero con rollo tienen decenas de marcas en la calle asequibles y bonitas", argumenta. Aunque reconoce que puede permitirse "el lujo de dar rienda suelta a sus ensayos conceptuales" porque, además de directora creativa de Lamothe, es profesora de universidad y trabaja como freelance para otras firmas.

Las propuestas de Roberto Torretta, que cerraron los desfiles de la mañana, irán directamente de la pasarela a su tienda madrileña. El creador sabe lo que funciona con sus clientas y se centra en ello, aunque eso deje en la grada un cierto sabor redundante.

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