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Inspiración entre los escombros

El edificio que albergaba el estudio de Mike Hewson en Christchurch, Nueva Zelanda, quedó condenado tras el terremoto de 2011. Él no se resignó a quedarse sin arte

Homage To The Lost Spaces (Government Life Building Studio Series) Ver fotogalería
Homage To The Lost Spaces (Government Life Building Studio Series)

Tras la desolación provocada por un desastre natural, nunca hay nada más irremplazable que las vidas que este se lleva, ya adopte la forma de huracán, de tsunami o de terremoto. Más tarde, cabe hacer balance de los daños materiales, y ver cómo las pérdidas afectan a los que sobrevivieron a la devastación. Después del seísmo que asoló la localidad de Christchurch, en Nueva Zelanda, en febrero de 2011, el artista local Mike Hewson vio cómo multitud de edificios con los que convivía se habían destruido, y otros habían quedado condenados a ser demolidos. Entre estos estaba Cranmer Courts, sede del estudio que compartía con otros compañeros. “Como tantos otros, iba a ser derruido. De hecho, aún no se sabe si lo tirarán o no”, cuenta al teléfono.

La aflicción por ver su ciudad completamente venida abajo (cientos de construcciones se han derribado ya, incluida la torre de la catedral, y a otras cuantas les espera el mismo destino), se convirtió en su caso en energía creativa. “Quería mostrar que los edificios son importantes, y que no se puede simplemente tirarlos y ya está”. Para que Cranmer Courts siguiera de algún modo albergando la vida que hasta entonces había residido en él, realizó una instalación fotográfica que muestra a los artistas en su labor a través de las ventanas. "Quería que este trabajo ayudara a la gente a recordar, antes de que ya no esté, que este edificio una vez estuvo lleno de una comunidad, de diversión y de familia. Es importante rendir homenaje a estos lugares como se le rinde a otras pérdidas, casi como si uno se estuviera preparando para un entierro, vistiendo al edificio,y embelleciéndolo antes del último adiós".

Para realizar el trabajo, Hewson no contó con ningún tipo de ayuda institucional. "Casi todo el dinero lo puse yo, aunque también colaboraron algunas pequeñas empresas". Por eso, cuenta que le llevó varios meses llevar a cabo el proyecto, que finalizó en mayo de este año. “La gente puede transformar espacios abandonados estériles en algo lleno de vida y vibraciones”, sostiene. Además, señala, esta pieza pone de relevancia el sentido de perspectiva, y lo engañoso de su cualidad. “Espero que de algún modo la falta de espacio hará que los artistas busquen modos de innovar y de exponer su trabajo en el espacio público”, concluye, “y que a la vez estos se integren en la estética y el sentido de la reconstrucción”.