Descongelando ideas

El consumidor de franquicias para multisalas tiene que estar, a estas alturas, tan familiarizado con el déjà vu que los responsables de la saga Ice Age parecen haber considerado que ni siquiera había que enmascarar sus estrategias de reciclaje. Los primeros minutos de Ice Age 4: La formación de los continentes no es que recuerden poderosamente a algo que se ha visto antes: proceden, directamente, del cortometraje Scrat’s continental crack-up que, en su momento, se proyectó en salas como aperitivo a la proyección de la muy deslucida Los viajes de Gulliver. El corto tuvo una segunda entrega que acompañó las proyecciones de Alvin y las ardillas 3 y cuyo contenido también se recicla en otro tramo del metraje. Lo más desolador es que esas imágenes insertadas en Ice Age 4 son, definitivamente, lo mejor de un conjunto: decir que la propuesta somatiza los signos de agotamiento de la franquicia sería un eufemismo.
Con su espantosa iluminación, su tendencia a los diseños de personajes secundarios tirando a patateros, sus gráficos tan pobres que uno se sentiría tentado a exagerar y decir que la película ha sido renderizada con un Spectrum y su insistente discurso sobre la familia, la película de Steve Martino y Mike Thurmeier —responsables de los mencionados cortos de la atribulada ardilla Scrat— parece antes un apresurado apaño para colocar la marca en la cartelera veraniega que el fruto de un concienzudo trabajo para prolongar un relato y un imaginario parcialmente afortunado. Eso sí, antes de esta desoladora película se proyecta un trabajo excelente: otro corto, The longest daycare, de David Silverman, maravillosa miniatura, muda y tridimensional, protagonizada por una Maggie Simpson animada con pasión, ideas y genio.
'Ice Age 4: la formación de los continentes'
Dirección: Steve Martino y Mike Thurmeier.
Género: animación. EE UU, 2012.
Duración: 94 minutos.
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