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La ‘Spagna’ que leen los italianos

De Vila-Matas a Zafón, el país transalpino consume distintos tipos de literatura en castellano

Es un fenómeno de los últimos años, según los expertos

España fue el invitado a la última Fiera del Libro de Turín

Enrique Vila-Matas (centro), en el Feria del Libro de Turín, donde el país invitado era España.
Enrique Vila-Matas (centro), en el Feria del Libro de Turín, donde el país invitado era España.

Tal vez debería preguntar a Petra Delicado. A fuerza de solucionar crímenes y desmontar coartadas, seguramente a la inspectora no le costaría resolver el misterio al que su creadora, Alicia Giménez Bartlett, no encuentra respuesta. “No tengo la mínima idea”, asegura. Lo que la madre de la detective no acaba de entender es por qué sus novelas negras se venden bien en Italia. Aunque, ya que toda investigación tiene que arrancar por alguna pista, avanza una hipótesis: “Supongo que Petra es un personaje políticamente poco correcto, sobre todo desde el punto de vista femenino y en un país con una influencia de la Iglesia tan grande. Hay muchas lectoras que me dicen que disfrutan con una protagonista tan poco maternal”.

He ahí un indicio. La certeza es que la almanseña es una de los muchos escritores españoles que pueblan con sus obras las estanterías de Italia. De Almudena Grandes a Javier Marías, de Enrique Vila-Matas a Manuel Vázquez Montalbán, pasando por superventas como Carlos Ruiz Zafón, Clara Sánchez e Ildefonso Falcones, el menú de literatura castellana ofrece un amplio abanico de aromas a todo italiano que quiera catar.

Y eso que, hasta hace poco, el lector corría el riesgo de quedarse hambriento. “La literatura española en Italia es una conquista reciente. Solo desde hace cinco o seis años hemos empezado a leerla bien”, explica Antonio Franchini, director editorial de Mondadori, principal sello italiano que publica, entre otros, a Zafón, a Julia Navarro y a Maria Dueñas.

“Las historias de ambos países no han sido paralelas. Han tenido ritmos distintos. Cuando Italia crecía España estaba bajo Franco. Y cuando España tuvo el boom, Italia sufría un declive”, remata Gianluca Foglia, también director editorial pero de Feltrinelli. Bajo su sello llegan al país transalpino Vila-Matas, Montalbán y, desde hace unos meses, David Trueba.

A un hermano o primo, como a veces se han definido las relaciones entre ambas naciones, los italianos preferían alguien fuera de la familia, un desconocido. Incluso si hablaba el mismo idioma. "En los sesenta en Italia tuvo un impacto brutal la literatura sudamericana. Parecía cercana pero exótica, mágica. Evocaba la libertad, la pasión. España en cambio se percibía como un país demasiado parecido”, sostiene Franchini. Curiosamente, otro tanto ocurría en la Península ibérica. “España está descubriendo solo ahora la literatura italiana contemporánea”, aseguraba hace un mes Carmelo Di Gennaro, director del Instituto Italiano de Cultura de Madrid.

El caso es que ahora se gustan. Lo muestran los datos de la AIE (Asociación Italiana Editores): en 2005 se publicaron en Italia 344 títulos traducidos del castellano, mientras que el año pasado fueron 416, es decir un 20,9% más. Y lo sugiere el flechazo del pasado mayo. Justo a la vez que la Feria del Libro de Madrid –que terminó el domingo pasado- invitaba a Italia, la Fiera del Libro de Turín, el principal evento literario italiano, homenajeaba a España.

Sea como fuere, a la caza del por qué, hay otra pista que ofrece Enrique Vila-Matas: “Mis libros se han empezado a publicar en Italia con regularidad. En los últimos cinco años se han editado seis. Eso hace que la obra se vuelva conocida”. Tanto, que el español ha ganado hoy el premio Gregor von Rezzori 2012 a la mejor obra de narrativa extranjera por Exploradores del abismo.

El autor de Paris no se acaba nunca ya recibió varios galardones en Italia, entre ellos el Mondello. Clara Sánchez, en cambio, obtuvo directamente el Gordo. Su estreno en Italia, Il profumo delle foglie di limone (peculiar traducción de Lo que esconde tu nombre), llegó a ser el libro más vendido del país. “Me suelen decir que es una literatura envolvente, que conserva el misterio”, sugiere explicaciones la escritora.

Otra de las claves posibles, sin olvidar la calidad de traductores como Pino Cacucci y Elena Liverani, parece ser la variedad de la oferta. El lector italiano que hable español puede encontrar de todo, desde ensayos hasta literatura popular. “Por un lado buscamos los grandes autores, esos de los que se hablará dentro de 10 años. Y por el otro, los narradores de entretenimiento, que saben construir buenas tramas”, defiende Francesca Cristoffanini, directora editorial de la narrativa extranjera para Rizzoli, que publica Matilde Asensi, Imma Monsó y Jaume Cabre y Fabre. En efecto, todos los autores nombrados parecen tener poco en común. “La nacionalidad”, afirma Vila-Matas. “Somos bastante distintos”, remata Sánchez.

Pese a estereotipos y opinión común, que suelen subrayar los parecidos entre Italia y España, cierta diferencia se refleja también entre ambas narrativas, al menos según Franchini, de Mondadori: “Son muy diferentes, casi opuestas. En España los dos fenómenos principales me parecen una línea metaliteraria de reflexión y la literatura de género: novela histórica, negra, etc. Italia está más ligada a una narrativa realista, al relato de lo cotidiano”. No obstante, o tal vez justamente por ello, se leen mutuamente. Y, desde hace unos años, más. Las razones posibles, como se ha visto, son muchas. ¿La principal? Que lo decida el lector. O Petra Delicado.