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“No creo que vuelva a rodar con Almodóvar. Es tenso”

Carmen Maura, recientemente galardonada con el premio Cesar por 'Las chicas de la sexta planta' habla de este y otros proyectos

Carmen Maura, en Madrid.
Carmen Maura, en Madrid.

A Carmen Maura (Madrid, 1945) le hacen los ojos chiribitas cuando habla de Francia, los franceses y su dominio del francés. Por su lado, está encantada: “Me han dado el César [a mejor actriz de reparto] más que por esta película, Las chicas de la sexta planta, por el conjunto de mi carrera. Va, era un papel pequeño y superfácil”. Por otro, no puede con ellos: “Me ha costado 20 años que me respeten. Y les he aguantado... Te tratan mal por española. Ahora ya les monto números en cuanto me gruñen. Me convierto en una de ellos: burguesa gruñona. Hasta he comprado un vestido sin saber el precio por llevar la contraria a una dependienta”.

Hoy, Maura —que graba estos días una serie de televisión— defiende esta historia de las criadas españolas en las casas de los ricos burgueses parisienses en los años sesenta. “Está bien que no haya ahondado más en el drama porque así ha hecho mucha pasta. Porque ha arrasado allá donde hemos estrenado”. En Las chicas de la sexta planta “hay una carta de amor del director, Le Guay, por España, porque adora España”. Es más, “ha luchado mucho por rodarla, lo ha hecho incluso sin coproducción con España, respetando los idiomas de los personajes”. Maura se dedicó en el rodaje a medias entre españoles y franceses: “Mis compañeras españolas debían entender lo importante que era que lo hiciéramos bien. Por los papeles y por nosotras. A cambio, el equipo técnico nos adoraba, porque somos más sencillas que las intérpretes francesas”. Y pone como ejemplo al protagonista, Fabrice Luchini: “Su presencia salvó la producción. Y es muy divertido, con un vocabulario flipante, pero a la vez un pesado que solo hablaba de dinero”.

La actriz dice pasar del físico: “No veo las tomas diarias. Para qué. Me da igual que me saquen hecha un cristo. Lo que importa es la autenticidad”. Por eso, le atrae ser bruja. “El 3 de septiembre empiezo Las brujas de Zugarramurdi, con Álex de la Iglesia. Me apetece todo, con un papel maravilloso y complicado: levito, camino por el techo, me convierto en cucaracha. Soy la hija de Terele Pávez y madre de Carolina Bang. Álex es mi debilidad española”

¿Y Almodóvar? “Nos tomamos un café para Volver, rodé y ya está. No creo que vuelva a trabajar con él. Porque sus rodajes son tensos, y no me apetece. Álex es más joven y simpático, no hay color. Eso sí, es un juguetón y te magulla en el rodaje... Entiendo su sentido del humor, cercano al mío, no como el de...”. Y hasta ahí llega.

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