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La huida hacia delante de Liam Neeson

El actor norirlandés, que enviudó en 2009, se abandona a los filmes de acción.

En 'Battleship' comparte cartel con Rihanna

El actor Liam Neeson en un fotograma de 'Battleship'. Ampliar foto
El actor Liam Neeson en un fotograma de 'Battleship'.

Luciendo un chándal monocolor verde oliva, zapatos marrones y un mondadientes en la comisura de la boca –es decir, arreglado pero informal– el actor norirlandés Liam Neeson (Ballymena, 1952) hace su entrada en la suite del hotel londinense Dorchester. Allí le aguarda un grupo de periodistas para preguntarle sobre su papel en Battleship, la nueva película de Peter Berg (responsable entre otras de Hancock y Very bad things). En el filme, que hoy llega a los cines, Neeson da vida al almirante Shane, cuya flota deberá conjurar una invasión alienígena. De nuevo una película de acción, algo recurrente en muchos de sus últimos trabajos (Ira de titanes, Infierno blanco, Sin identidad, El equipo A…).

“Escuché las palabras ‘almirante de la flota’, ‘Hawai’, ‘te necesitamos solo una semana…”. Neeson justifica entre risas su participación en este proyecto en el que debuta como actriz Rihanna. La cantante se mete en la piel de Raikes, una soldado respondona que lo mismo se sienta ante el radar como se sube a una lancha para ametrallar extraterrestres. “Ojalá me hubiera pedido algún consejo, pero no lo hizo. En ese caso le hubiera dicho lo que decía James Cagney: ‘Planta tus pies en esa habitación y di la verdad’. Y Rihanna lo ha logrado. Al verla actuar yo me la he creído”, afirma un rendido Neeson que se declara fan de la cantante: “he visto sus videoclips y me sé sus canciones”.

Su suegra, la también actriz Vanessa Redgrave, vive con él en Nueva York y le ayuda con sus dos hijos, de 15 y 16 años

El actor parece pasarlo muy bien en este tipo de rodajes. “Me hubiera encantado hacer estos papeles a los 25 años”. Esta pasión por los filmes de acción y los personajes sin muchas honduras se ha acentuado desde la muerte en 2009 de su mujer, Natasha Richardson, en un accidente de esquí.

También se ha intensificado su ritmo de trabajo. En 2012 estrenará cinco películas y la razón no es solo económica. “Es bueno trabajar. Me gusta. Supongo que me mantiene joven y, de manera irónica, alejado de la realidad”, afirma con una mueca y recordando que ya tiene una edad (en junio cumplirá 60 años). “Ahora pienso mucho más en nuestra condición de mortales. Soy padre y tengo hijos pequeños, eso también es una preocupación”. Su suegra, Vanessa Redgrave, vive con él en Nueva York y le ayuda con Daniel, de 15 años, y Michael, de 16.

¿Dónde quedaron los papeles de más calado, como los que bordó en La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) o Michael Collins (Neil Jordan, 1996) y que el propio actor cita entre sus favoritos? “A mí me interesa el guión. Si me encuentro un buen material literario, con eso me basta”, apunta.

No echo de menos el teatro, pero tengo que volver, que es donde empecé. Es hora de poner en marcha un músculo interpretativo distinto al que utilizo ante la cámara"

¿No busca conscientemente estos papeles que requieren menos proceso mental? Asegura que no, pero a la vez admite que es hora de volver a hacer teatro, algo que siempre exige a un actor mirar hacia su interior. No ha recibido propuestas concretas, pero busca retornar a los clásicos: Ibsen, Chéjov… “No echo de menos las tablas, y eso me preocupa, pero tengo que volver. Empecé haciendo teatro y es hora de poner en marcha un músculo interpretativo distinto al que utilizo ante la cámara”.

Poco músculo ha empleado en Battleship, una película basada en la versión de sobremesa del pasatiempo de los barquitos, eso sí, aderezada con robots gigantes (por algo la coproduce Hasbro, fabricante del juego Hundir la flota y también de los Transformers). “No se parece ni remotamente al juego. Los días de los tableros y las fichas están pasados de moda ¿no?”. Con una voz profunda, el actor clava sus pupilas color aguamarina en su interlocutor mientras lanza la pregunta retórica. No, no se parece en nada a ese sosegado entretenimiento.

Rodada en 2010 en localizaciones del Pacífico y en estudios de Luisiana, Battleship, convierte a su pariente Independence day casi en una obra de cinema verité. Protagonizada por Taylor Kitsch (al que este año hemos visto caer a plomo con John Carter) en el papel de Hopper, este díscolo héroe deberá conseguir un dos en uno: salvar al mundo y ganarse a su chica, Samantha (encarnada por la modelo Brooklyn Decker), la hija del almirante Shane. Ahí entra en juego un Liam Neeson, de nuevo en la piel de una figura de autoridad, paterna y tutelar. Un Neeson que, así lo reconoce, se conmovió al ver en el rodaje (actuando al ritmo de AC/DC) a veteranos de guerra fajados en mil momentos difíciles.

La edad, la pérdida, el paso del tiempo... Pese a todo el actor no se cambia por otro. “Si tuviera que describirme diría que soy un cabrón afortunado. Todavía me parece surrealista vivir de esto. Me pellizco todos los días, incluso en los malos”.

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