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José Ramón Fernández, Premio Nacional de Literatura Dramática 2011

"Los dramaturgos no tenemos crisis de creación, nuestro problema más evidente y cruel es el de los impagos", afirma el galardonado

La noticia de la concesión del Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Literatura Dramática por su obra La colmena científica o el café Negrín le ha llegado a José Ramón Fernández (Madrid, 1962) en la Bretaña francesa donde se encuentra estos días antes de asistir en París a varias actividades organizadas en torno a él. Por un lado se representa su obra Nina, que en España le estrenó la actriz Laila Marull, en el teatro Les Deschargeus, donde permanecerá hasta finales de diciembre; el martes leen su obra Babilonia en el Teatro de Rond Point, sala en la que se han programado a más autores españoles, lo que pone de relieve el momento brillante que están viviendo los dramaturgos en España, fuera de nuestras fronteras.

Por otra parte el lunes los responsables del Teatro del Oprimido de Augusto Boal, que desde hace años tiene una sede en París, le han organizado lo que el define de "emboscada", en la que los actores de dicho teatro, que ya se han estudiado su obra La tierra, le van a hacer una entrevista pública y colectiva, pero como si los que preguntaran fueran sus propios personajes. Por último el día 23 de noviembre dentro de la programación del XX Festival Don Quijote de París, se representará La Colmena científica o El café de Negrín, el montaje basado en la obra galardonada, en el Cafe de la Danse, una sala, podría decirse, de teatro alternativo, y reconocida por los buscadores de espectáculos distintos.

Dice que lógicamente se alegra por recibir el galardón y los 20.000 euros de dotación, pero que el mayor placer le llega por el hecho de que este es un proyecto que va más allá de lo que es escribir una obra: "Muchas veces se piensa que este premio es por la trayectoria del autor, y no es así, es por una obra del año anterior, y para mí El café de Negrín [siempre la llama así] es muy importante, por lo que significa como elemento para dar a conocer algo fundamental en la historia española del siglo XX [la obra narra el papel que jugó la Residencia de Estudiantes], me siento muy orgulloso de haber estado en él, y sí tengo alguna duda de los méritos de este trabajo, serían sobre la obra, porque el proyecto sí que es fundamental y vale la pena".

Para ilustrar su teoría Fernández cuenta que la semana pasada el montaje estuvo en Logroño y se habló de lo que significaba la Residencia como proyecto de un país: "Sólo por ver la curiosidad reflejada en la cara de los jóvenes espectadores ya vale la pena, no sabían quiénes eran los personajes, Moreno Villa, Negrín, sólo quizá Unamuno, y es muy importante que se sepa quiénes fueron y lo que hicieron".

Fernández que no oculta que su generación "está sin bautizar", dice que tiene su momento de gloria gracias a que son muchos los jóvenes directores que ya no tienen miedo al "autor vivo capaz de dialogar" y también que a partir de 2004 el hasta diciembre director del Centro Dramático Nacional, Gerardo Vera, empieza a programar en sus teatros públicos, a esta generación entre los que encontramos a García May, Juan Mayorga, Sergi Bellbel, Laila Ripoll, Angélica Liddel, Rodrigo García, Raúl Hernández, LLuisa Cunillé, Alfredo Sanzol y tantos otros. Fernández apunta que en el mismo sentido ha influido la postura de Mario Gas en el Teatro Español de Madrid.

No obstante la situación podía ser mucho más dulce, pero hay cosas que lo impiden. "El problema más evidente, tremendo y cruel que tenemos los dramaturgos españoles es el de los impagos, fundamentalmente de los municipios de toda España, lo que significa que las compañías están dejando de trabajar. Además está el problema, que yo no tengo, pero veo en compañeros, de falta de espacios, sobre todo para la gente más joven, que deberían estar más en los escenarios, aunque para mí es muy difícil hablar de problemas en la situación que estoy, que como estrene una cosa más me van a querer echar del país", dice con sorna y una risa de niño al que le acaban de regalar un enorme tren eléctrico.

Se da la paradoja de que el montaje de la obra premiada, de cuya gira se ha responsabilizado Teatro El Cruce sin intervención pública, prácticamente no ha cobrado ningún "bolo" de los muchos que se han llevado a cabo por toda la geografía española. Ha sido Teatro el Cruce quien ha ido adelantando el sueldo de actores, técnicos y sus dietas, pero ha llegado a una situación de ahogo absoluto y se da la circunstancia de que esta mañana, junto con la buena noticia del Premio Nacional para el autor, se han encontrado con que ya no les quedaba fondos pues la mayoría de Ayuntamientos no les han pagado sus honorarios, a pesar de haber llenado siempre los teatros, pero como tantas veces se está denunciando en los últimos tiempos, ahora es el teatro el que subvenciona a las administraciones (en estos casos municipales) y no al revés, lo cual no deja de ser chusco. De ahí que esté en peligro la representación de La Colmena científica en París, pues no tendrían dinero para desplazarse y mantenerse allí.

Y en España...

Además de su actividad parisina en España se están viendo, con enorme éxito, sus obras La ventana de Chigrinsky, la ganadora La colmena científica y como adaptador, labor que hace brillantemente a menudo, La alegría de vivir, de Noel Coward, en el Teatro Galileo de Madrid y El avaro, de Moliére con dirección de Jorge Lavelli y Juan Luis Galiardo al frente del reparto.

El exultante premiado trabaja desde muy jovencito ligado al mundo del teatro y en la actualidad en el Centro de Documentación Teatral: "Un trabajo del que estoy orgullosísimo, estar en ese equipo de profesionales es un estímulo diario, porque conseguimos que el teatro no sea tan efímero y pueda permanecer más allá de nuestras memorias", concluye.

Los que también muestran exultantes eran José García Velasco, impulsor de este proyecto como responsable de los actos de conmemoración del Centenario de la Residencia de Estudiantes de Madrid (que ha dirigido durante años), y el responsable de la puesta en escena, Ernesto Caballero, nombrado hace unos días nuevo director del Centro Dramático Nacional donde se estrenó La colmena científica.