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Lobo Antunes: "No se puede traducir la malicia de la lengua original"

El escritor portugués inaugura en el Cervantes un ciclo sobre la importancia de la traducción en la diversidad lingüística de la Península Ibérica

António Lobo Antunes (Lisboa, 1942) se disculpa. Acaba de llegar de una conferencia en París donde tuvo que hablar en inglés, francés, castellano,... "Voy a intentar no mezclar todos los idiomas", se excusaba ante el público que se congregó anoche en el Instituto Cervantes de Madrid en la primera sesión del ciclo Escribir y traducir en el espacio ibérico. Un minuto después se desdecía: "traducir es escribir; escribir es siempre traducir y ambas cosas son vivir". Por eso, este encuentro sobre las lenguas ibéricas se convirtió en una lección para "estructurar el delirio y trabajar el silencio", la esencia de la escritura para el autor de Memoria de elefante o El archipiélago del insomnio.

La técnica introspectiva que el escritor luso expuso anoche en la primera de las seis conferencias programadas hasta el próximo 18 de mayo para explicar el arte de la traducción consistía en sumergirse en "las profundidades secretas a las que no se tiene acceso habitualmente". Esas que son anteriores a la palabra. Dominada esta pericia, Lobo Antunes sitúa al traductor a la altura del creador. "La traducción es una nueva versión del libro. Un nuevo texto a compartir". Por eso cree que se trata de una profesión poco valorada, "puedo tardar dos años en escribir un libro. Los traductores necesitan traducir dos o tres libros al año para poder vivir y, encima, su nombre nunca sale en la portada", reivindicó.

Esta arenga a favor de los que consiguen "la complicidad entre culturas" a través de la traducción se diluía cada vez que Lobo Antunes recordaba a alguno de sus poetas favoritos. "Tengo más de una docena de versiones de Homero y cada vez que las leo me doy cuenta de que los resultados son a veces muy pobres por la infinita riqueza del lenguaje original". En la retahíla de versos se coló Federico García Lorca. Por tu amor me duele el aire, el corazón y el sombrero, recitó el escritor. Y luego lo intentó en francés. Y lo propio hizo con Salinas. Y en ninguno de los casos hubo remedio contra "la fuerza, la intención y la malicia intraducibles de algunos escritores".

Excusa que le sirvió para hablar de su último traductor, el argentino Mario Merlino que murió en agosto de 2009 . "Me he quedado viudo, estoy de luto", decía el escritor. "Conseguimos mantener una relación que nos permitió entendernos y eso se traducía en sus versiones de mis libros". Tal vez porque Merlino prestó la "delicada atención" que cada una de las palabras de Lobo Antunes se merecía. Sea como fuere, el autor luso entonó anoche un réquiem por aquél que entendió que "un libro no se hace con ideas. La trama de una novela no importa, lo relevante son las palabras, cómo se modelan las sensaciones a través de ellas".

Otros cinco expertos continuarán las lecciones de António Lobo Antunes. El poeta Pere Gimferrer, la escritora María de la Pau Janer, la narradora y traductora Marilar Aleixandre, el profesor Enric Vicent Soria Parra y Arantxa Urretabizkaia, miembro de la Real Academia, abordarán en otros tantos encuentros en la sede del Cervantes en Madrid la diversidad lingüística de la Península Ibérica. El ciclo Escribir y traducir en el espacio ibérico ha sido organizado por Instituto Cervantes, la Generalitat de Catalunya, el Instituto Camões, el Instituto Vasco Etxepare, la Universidad de Alcalá y la Xunta de Galicia.