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El último baile de José Antonio

El director del Ballet Nacional aprovecha la presentación de su 'Café de Chinitas' para anunciar su despedida como bailarín

"Es una ley natural". Así de claro lo explicaba José Antonio horas antes de la representación. El de anoche fue uno de sus últimos bailes. Aún le quedan varios compromisos, en Madrid y en Sevilla, pero él quiso elegir el público del festival de flamenco más veterano de España, el de Cante de Las Minas de La Unión, para deslizar la noticia. La emoción al recoger el Premio Extraordinario a las Artes Escénicas el día anterior al espectáculo fue tanta que quiso anunciarlo.

Y a pesar de esto, José Antonio protagonizó el momento más especial de este Café de Chinitas estrenado hace algunos años y que ha recalado en diversos escenarios hasta llegar a la localidad murciana. Vestido con tules, plumas, medias y tacones, el coreógrafo y director del Ballet Nacional se reserva el momento cumbre del espectáculo, el que transita entre la sensualidad, la cadencia y la diversión y la incomprensión de los demás, la censura, el miedo a la diferencia. Acompañado por una Esperanza Fernández que no sólo canta y baila con una personalidad arrolladora sino que llena todo el escenario con su presencia, y casi actúa como maestra de ceremonias, José Antonio dio una vez más lo mejor de su baile.

El Mercado Central de La Unión, reconvertido en teatro como cada año por estas fechas, acudió a un espectáculo que sirve de homenaje al universo surrealista daliniano y su relación con Lorca, rescatando en este Café de Chinitas los lienzos y diseños de uno y las canciones populares musicalizadas del otro. Todo, en las coreografías de José Antonio y bajo la dirección musical de Chano Domínguez, que imprime a las canciones del espectáculo su toque jazzístico característico.

Se habían vendido todas las entradas, pero algunos de los asientos no permitían ver la escena. Muchos espectadores prefirieron estar en pie la hora larga que dura el espectáculo o seguirlo a través de las pantallas situadas en los laterales del escenario. Punto negativo para la organización que debería haber previsto la visibilidad desde todos los ángulos de la grada.