La tauromaquia revivida

Los dos primeros tercios del toro tercero de la tarde fueron lo mejor de la corrida del domingo

Los dos primeros tercios del toro tercero de la tarde supieron a gloria. Colóquense en un cuadro de honor los siguientes nombres: Raúl Cervantes, Rafael González y Víctor Manuel Martínez, y en el frontispicio, su jefe de filas, David Mora. Entre los cuatro consiguieron que la tauromaquia se hiciera presente; la auténtica, la de verdad, la que pone los vellos de punta, la que permite soñar despierto y que se olviden los malos ratos.

El toro, de nombre Frijonero, de 626 kilos de peso, con un trapío excelente y bien armado, salió con muchos pies. Y allí, en el tercio, lo esperó Mora con una encomiable decisión, y lo capoteó con enorme valentía y una decisión fuera de lo común. Las verónicas no pudieron ser hondas, pero sí muy emotivas por la codicia del animal y la raza del torero, que fue ganando terreno en cada lance. Volvió a dar muestras de su pundonor, ya con más calma, al llevar el toro al caballo con verónicas con más enjundia y una media de cartel.

CUADRI / CHAVES, CORTÉS, MORA

Toros de Celestino Cuadri, muy serios, con cuajo; desarrollaron genio en los caballos, blandos y sosos; destacó el tercero.

López Chaves: pinchazo, estocada -aviso- y dos descabellos (ovación); pinchazo en los costillares y bajonazo (silencio).

Salvador Cortés: pinchazo, casi entera y dos descabellos (silencio); casi entera y dos descabellos (pitos).

David Mora: bajonazo (ovación); metisaca, cinco pinchazos -aviso- un pinchazo y un descabello (silencio).

Plaza de Las Ventas. Domingo, 23 de mayo. Decimoctava corrida de la feria de San Isidro. Lleno.

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La lidia correspondía a Raúl Cervantes y lo hizo toreramente, con elegancia y prestancia; y, sobre todo, con inteligencia. Un capotazo medido y pasos perdidos hacia atrás, y el toro, perfectamente colocado para el par de banderillas; y así, otra vez. Y la plaza crujía de emoción. A continuación, Rafael González puso dos pares -en especial, el segundo- de poder a poder, asomándose al balcón y dejando los palos en todo lo alto. Y Víctor Manuel Martínez no quiso ser menos y clavó otro par sensacional. Los dos fueron obligados a desmonterarse, y la ovación fue atronadora.

Que no quede oculto el toro, codicioso donde los haya, que acometió con fortaleza al capote, empujó y blandeó en el caballo, y persiguió en banderillas. Cuando David Mora tomó la muleta, la plaza olía a suceso importante, sinónimo de faena grande.

Lo citó el torero desde el centro del anillo, pero Frijonero se resistió a acudir. Accedió después de una larga insistencia y dejó claro que tenía mucho que torear porque su genio poderoso entrañaba una evidente dificultad. Aguantó Mora, y consiguió dos tandas de derechazos vibrantes, algunos largos y hondos, pero todos cargados de interés. El toro punteó por el lado izquierdo, se vino abajo, y el diestro no pudo redondear su labor. Además, mató de un bajonazo infame, y la gran ovación se le llevó el toro en el arrastre. Mora fue un torero enrazado y pundonoroso que no supo culminar su labor.

El resto del festejo no tuvo color. Primero, porque los toros de Cuadri, dificultosos por su condición y sosería, un comportamiento desigual, ásperos y correosos, no permitieron muchas confianzas; y segundo, porque exigían engaños muy mandones y toreros muy seguros; y, claro, no están los tiempos para ello.

López Chaves, por ejemplo, es torero valiente y bullidor. Hizo lo que sabe: ponerse delante y tratar de dar pases. Pero su arrojo carece de calidad, porque su colocación no es la adecuada. Da muchos pases, pero dice poco. Áspero fue su primero, al que toreó muy despegado, y soso y corto de embestida el cuarto. De todos modos, había que estar allí abajo para resolver los problemas.

Y a Salvador Cortés lo pitaron en el quinto, al que la plaza aplaudió injustamente. No es Cortés un exquisito, pero ese toro embestía corto y con la cara alta, punteaba la muleta y no facilitó la labor del torero. Los tendidos tomaron parte por el toro. Por cierto, su hermano, Luis Mariscal, saludó en banderillas. Tampoco pudo brillar en el segundo, muy parado, como le ocurrió a Mora en el sexto, muy descastado, y al que mató mucho peor que al tercero.

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