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Noche gitana en el Canal

Cancanilla de Marbella, La Macanita y Canela de San Roque homenajean con sus ecos gitanos a Antonio Mairena en el Festival de Flamenco Caja Madrid

En el año del Centenario, el XVII Festival de Flamenco de Caja Madrid, que anoche vivió su tercera jornada de recitales, pretendía homenajear a Antonio Mairena. Para ello programó tres voces gitanas, clásicas, seguidoras de la estela del cantaor. Cancanilla de Marbella, La Macanita y Canela de San Roque fueron los encargados. Fue la tercera jornada, la de menos público hasta la fecha y el tercer día de comentarios referentes a lo poco adecuado que es el espacio elegido (los Teatros del Canal) para un recital de estas características y lo incómodo de su graderío.

Un cantaor poco conocido para el gran público pero curtido en los escenarios como es Sebastián Heredia Santiago (Marbella, 1951), Cancanilla de Marbella, abrió el recital con una soleá por bulerías, un estilo que gustaba mucho a Mairena y en el que destacaba especialmente. Cancanilla tiene una voz poderosa, aguda, cargada de sentimiento. Cantó por tientos tangos, seguiriya y bulerías, acompañado en la guitarra acertadamente por Chaparro de Málaga. Chaparro, uno de los tocaores más destacados de la escena actual flamenca de Málaga, estuvo espléndido en su interpretación, rítmico, dándole espacio al cante, escuchándolo y luciéndose en las falsetas. Cancanilla destacó especialmente en la seguiriya, en la que derrochó sentimiento sin necesidad de alardes de voz. Cerró por bulerías, acordándose de Mairena, pero también de Caracol. El cantaor, ya en pie, hizo la Rosa venenosa acompañando la letra de su particular baile (que llamarlo pataíta sería impropio) rítmico, acertado y cargado de flamencura.

Y con el buen sabor de boca que dejó el de Marbella, llegó la gitanería de Jerez, vestida de rojo de fuego, en la presencia y la voz incomparable de La Macanita. A Tomasa Guerrero (Jerez, 1968) le costó encontrarse en su recital. Arrancó por tientos tangos, derrochando voz, una voz que cada día suena más añeja, más poderosa, más auténtica. La Macanita arrancó con su cante libre, pausada, estirando y acortando los tiempos hasta el punto que a Manuel Parrila, su guitarrista, le costó seguirle. Pero se encontró en la soleá, un palo por el que la jerezana siempre destaca. Anoche la hizo por derecho, sin concesiones, directa al meollo. Le siguió una malagueña silenciosa, mimada, dulce, modulada y soberbia en el cierre por verdiales. También se recreó en la seguiriya, con una voz que se sentía como un pozo oscuro y profundo que provoca la angustia. Cerró llenando el escenario con su movimiento de caderas, por bulerías, como no podía ser de otra manera.

Cerró la noche otro gitano de voz de oro, Canela de San Roque. Alejandro Segovia Camacho (San Roque, Cádiz, 1947), cantaor clásico de voz tostada, quiso dedicar su actuación de anoche al homenajeado Mairena. Arrancó por una soleá llena de jondura. Bien medido, modulado, sentido, emocionante. "¡Así se llora!" Le giraton desde el patio de butacas. Igual que en la seguiriya, que Antonio Carrión, guitarrista, acompañó brillantemente, despertando la ovación del público en varias ocasiones. Es Carrión un guitarrista preciso, medido, que anoche hizo un toque clásico sin sonar antiguo, cargado de técnica y de sentimiento. Siguió Canela por unos fandangos rítmicos, bulerías, bulería por soleá y el cierre, que quiso hacer con una taranta bellísima, la del Cojo de Málaga que popularizó Camarón de la Isla.